Para Mí Son Enigmas

Un debate es una lucha que fortalece a todos los que participan.

EL BLOQUEO DE ESPAÑA.

Hola, os voy a hablar un poco de cómo veo la situación en nuestro país. Creo que España está aproximándose a un punto peligroso, y esto también pasa con otros países como Grecia, Italia y muchos otros. Me refiero a todos los países en los que ha habido decenas de miles de manifestaciones y las cosas no cambian apenas, no se mueven, estas protestas son inútiles y son reprimidas por las fuerzas del Estado una vez que van más allá de su horario permitido por ese mismo Estado, o incluso antes. Son países en los que hay una divergencia de intereses casi opuesta entre los que gobiernan y la mayor parte de la gente, eso que llaman ‘tecnocracia’ es precisamente que quien gobierna no se guía por la voluntad, sino por el cumplimiento de una lista de objetivos. Estos objetivos buscan llevar a que una élite (la que marca esos objetivos) sea quien tenga el poder completo y total. Realmente, y aunque aún no estamos en esas, estamos en el camino de un totalitarismo encubierto, no como pudo ser el franquismo, donde todos sabían quien mandaba y hasta lo apoyaban, sino que esta vez, no podremos reconocer el rostro ni la voz de los que mandan. Serán números, serán abstracciones, serán ‘verdades’ planteadas como absolutas, esas mismas ‘verdades’ hechas no por el martillo de la evidencia, sino por el de la propaganda y la repetición. Algunos hablan de esperanza, pero mi intuición me dice que es otro el camino que llevamos, aunque siempre podemos dar media vuelta, por supuesto.

Lo primero que tenemos que entender es que hoy por hoy, todos o casi todos, estamos vinculados y dependemos de una estructura administrativa llamada Estado. Sin el Estado, no tendríamos nada, ni salud, ni energía, ni agua, ni alimentos, ni bomberos, ni bibliotecas… ante esta dependencia tenemos 3 caminos, entre otros, aunque yo quiero diferenciar tres, desde mi punto de vista:

El anarquismo: pretende acabar con el Estado, que no exista, lo que significa que todo debe estar autogestionado. Si se pretende que haya bibliotecas, hospitales, distribución de energía, conducción del agua, gestión del medio, etc, entonces esto no puede estar organizado por alguien ajeno: tiene que ser autogestionado por las mismas personas que lo disfrutan, y que también pueden ofrecerlo a otras. Es una idea atractiva, el anarquismo, que en mi opinión es mucho más factible en comunidades pequeñas, tales como eran los llamados filibusteros del siglo XVII, más conocidos como los piratas, que formaban comunidades sin autoridad, y el único orden era el garantizado por un código que cada cual asumía individualmente, nadie podía oponerse si no lo hacían. Disculpad si me equivoco o soy ignorante sobre estas comunidades, pero así es como yo los imagino. Otro ejemplo de anarquismo creo que muy bueno lo podríamos encontrar en los miles y miles de esclavos que estaban dirigidos por Espartaco durante la guerra que éstos llevaron contra la República de Roma. Estas personas viajaban por toda Italia y se establecieron en el volcán Vesubio. No se obedecían más que a si mismos, porque todos estaban unidos contra un mismo poder, Roma, y su libertad era algo irrenunciable para ellos.

La anarquía no ofrece ningún tipo de límite ni coacción a nadie, y esta es su definición.

Muchos la identifican con la violencia, solo con eso, y creo que se equivocan completamente. El ser humano, de manera innata, no es violento. Lo que más violencia genera son las penosas acciones de muchos Estados y las injustas leyes y coacciones que imponen, esto sí genera violencia.

Quiero decir que existe otra variante llamada el anarcoprimitivismo, que muchos confunden con volver al Paleolítico. No, lo que sí propone es renunciar a los avances tecnológicos, es decir, no solo renunciar a las armas, sino ¡también renunciar a la posibilidad misma de construirlas! Detener todas las investigaciones para un ‘progreso’ que en realidad no lo es, nuestra sociedad según sus partidarios, cuanto más avanza a nivel tecnológico, científico, es mucho peor, ya que las herramientas de manipulación y la adaptación de la vida humana a un entorno artificial es superior. En esto les doy una buena parte de razón, pero aún debato en mi cabeza si realmente esto es así.

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El comunismo: este en su ideal consiste en que haya una revolución de lo que denominan la ‘clase trabajadora’ de modo que las personas que producen bienes sean las que distribuyan y gestionen el uso de esos bienes. Así se evitaría el abuso de unos privilegiados hacia la gran mayoría. Es por esto que los autores comunistas proponen la abolición del Estado, sin embargo, es evidente que los ejemplos que hemos conocido de comunismo se han basado en Estados muy potentes, por ejemplo la Unión Soviética, la China comunista, y tantos países en los que esta vía ha triunfado. En realidad, la única manera de que los trabajadores controlen la producción y la distribución no es otra cosa que la autogestión, quien también es defendida por el anarquismo.

He oído decir a varias personas que comunismo y anarquismo tienen el mismo fin, pero que la manera de llegar a ellos es lo que los diferencia. Yo mismo he defendido esto aquí: EL COMUNISMO ME DA ESPERANZAS. Siento decir que hoy por hoy, no estoy de acuerdo con esto. Porque un sistema comunista implica necesariamente una organización, ya que a diferencia del anarquismo, el comunismo tiene unos objetivos que un determinado pueblo tiene que cumplir. En el anarquismo, un individuo no está comprometido con los demás para que juntos consigan lo que entre todos han decidido de manera democrática. En el comunismo, sí. Por tanto, en cuanto a modo de vida, forma de pensar, son completamente diferentes. Por ejemplo: uno de los fundamentos del comunismo ha sido que todos tengan trabajo, y otro que todos cobren un salario aproximado o el mismo. Nada de esto se puede encontrar en el anarquismo, ni podría este aceptar cosa semejante a ‘dictadura del proletariado’ y que nadie, ni siquiera sus semejantes, le digan lo que tiene que hacer.

Pero, el comunismo se distingue del capitalismo en lo que a economía se refiere, y también se tiene que distinguir a nivel político, para conseguir esos objetivos económicos diferentes del capitalismo, feudalismo, etc. Es en mi opinión preferible al sistema capitalista, y si existe algún país comunista sobre la faz de la Tierra, sin duda tiene como enemigo al resto del planeta. Porque muchos países que se han autodenominado comunistas, no lo han sido excepto por el nombre y la fachada, siendo internamente capitalistas.

Controlar el Estado: Si tenemos que tener un Estado, controlar a éste es el fundamento para ser un pueblo próspero y libre, aunque sea a través de un Estado completamente sometido a la población, y a su servicio. Tanto la TV y la prensa como la costumbre de tanto tiempo de dictadura, nos han incrustado en la mente que controlar al Estado es imposible. Pero basta con usar la lógica para entender que si el Estado significa la autoridad, y es el maná del que todo proviene, es obvio que si queremos algo de él tenemos que controlarlo, dominarlo, darle órdenes. Y que tiene que haber un medio de comunicación abierto al 100% entre la población y el Estado, de manera que el Estado nunca pueda decir que NO.

En esta situación, las manifestaciones serían ridículas, porque si alguien quisiera algo, esto sería realizado por el Estado sin objeciones. Aquí entramos en el concepto de democracia que inventaron los griegos. En una ciudad como la antigua Atenas, se podía hacer una democracia directa en la que los ciudadanos se reúnen y toman decisiones votando y proponiendo lo que quieran, y se lleva a cabo sin posibilidad de decir NO a aquello que la mayoría ha decidido. En el Ágora de Atenas se reunían unas 7.000 personas para decidirlo todo. En nuestro país, España, somos unos 45 millones de personas. Es obvio que no podemos hacer eso mismo. Una variante moderna de aquella democracia directa son los referéndums, en los que a la población se le da una pregunta para que respondan. Algún tipo tuvo la idea de diferenciar entre ‘vinculante’ y ‘no vinculante’ una manera técnica de decir cuál de ellos la autoridad acepta y cuál no. Sin embargo, ¿podríamos decidirlo todo, absolutamente todo, por medio de referéndums? ¡NO! , quizás solo cosas especialmente importantes.

Por eso propuse en entradas anteriores un modelo de democracia en el que se produce una verdadera representación, que se conoce como República Constitucional y que está basada en las normas básicas para garantizar que la gente pueda realmente decidir, pero eso sí, por medio de unos representantes, no de forma física y directa. Para los que crean que esto es una estafa, cosa que yo también pensaba hace un tiempo, os recomiendo que leáis sobre este modelo. Existe una manera de conseguirlo.

En definitiva, España se encuentra paralizada y derrotada debido a que no se está siguiendo ninguna de estas tres vías, las únicas que pueden cambiar la situación, que yo conozca.

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junio 14, 2014 - Posted by | Actualidad, Control de la sociedad, Historia, Revolución / Capitalismo

16 comentarios »

  1. Contenido de la ficha sobre la República Constitucional (aquí explico mi propuesta de este modelo político).

    El modelo de la República Constitucional no es una ideología política particular, sino una sociedad basada en los principios básicos de cualquier sistema que pueda llamarse democrático. Su base está en eso que no se nos enseña y que mucha gente ni siquiera ha oído en su vida: la libertad colectiva. No se trata de cómo tiene que ser la sociedad, sino de que ésta sea moldeada partiendo de la sociedad civil, el pueblo, la gente, o como quiera denominarse al conjunto de las personas y no solo a una clase separada de ella. El fundamento de esto es que la gente pueda escoger a unos representantes a los que pueda:

    1) Controlar y en caso necesario, sustituirlos, cuando no estén haciendo correctamente su función, entren en algún tipo de corrupción, etc. (La corrupción implica alejarse de los electores para defender intereses privados).

    2) Hacer llegar sus propuestas, necesidades y aspiraciones, para que estos representantes las defiendan.

    Uno de los fundamentos de la República Constitucional es que los poderes estén separados. Aquellos que hacen las leyes tienen que hacerlo en base a la voluntad de la gente. Aquellos que ejecutan las leyes, es decir, el Gobierno y la Administración, tienen que ser fieles a estas y en ningún caso intervenir en su creación. El poder judicial debe ser independiente de ambos. Este punto es muy importante, pues es tremendamente distinto del modelo actual, donde el poder ejecutivo controla a los otros dos. Tendría que haber una elección de representantes para una Asamblea Nacional (poder legislativo) y otra distinta para elegir al Presidente (poder ejecutivo).

    Otro de los pilares es sustituir el reparto proporcional de poder de decisión entre una serie de partidos políticos por la elección de representantes personales (una única persona, no muchas formando un bloque o lista llamado ‘partido político’) por el simple motivo de que es mucho más fácil sustituir y controlar a una persona individual, que no a todo un partido.Además, los partidos hacen que los diputados no tengan independencia, y que se protejan unos a otros en casos de corrupción, porque el mal de unos afecta al de todos los otros. Hacen una carrera para ver quien gana más votos, y nada les impide mentir y corromperse. No se trata de cambiar un partido por otro, sino de cambiar las reglas de la política. Por eso, desde este movimiento se favorece la abstención activa en las elecciones.

    Otro dato importante es que de un modo objetivo se establece que la unidad política sean distritos de alrededor de 100.000 personas. Que cada uno de ellos:

    • Elija a un diputado que les represente en la creación de las leyes.
    • Elija a un suplente para este diputado en caso de que no cumpla bien su papel o abandone.
    • Elija a una serie de funcionarios para ocuparse de los distintos campos importantes para la sociedad: agricultura, industria, trabajo, cultura, medio natural, educación, sanidad, etc. Que estos sean elegidos y que recojan las necesidades y deseos de los habitantes del distrito.

    Así:

    • Las leyes que afectan a toda la Nación serían establecidas en la Asamblea Nacional.
    • Los asuntos regionales o comarcales serían tratados por los funcionarios de diferentes distritos, reunidos en algún lugar conveniente.
    • Los asuntos propios solo del distrito, serán gestionados por estos funcionarios elegidos.

    Estos funcionarios y también el diputado para la Asamblea, están abiertos siempre a nuevas peticiones de su distrito. Estas peticiones pueden surgir de dos maneras:

    1) Votaciones por mayoría (de decisiones concretas, no de partidos ni personas) como los referéndums.
    2) Conclusiones de asambleas que tengan lugar en lugares públicos (espacios deportivos, iglesias, plazas de toros, plazas centrales, parques, jardines, etc).

    Las asambleas sirven para poner de acuerdo determinados temas que pueden poner a unos ciudadanos contra otros, cosa que a veces puede suceder. Pero, pensamos que esto es mucho más fuerte con el modelo actual que con una República Constitucional donde las personas ven reflejadas y encauzadas sus aspiraciones, todas y cada una de ellas, y no solo las que han votado al partido ganador (ni siquiera ellas están representadas en realidad, es evidente).

    Este frente de personas pretende informar a la mayor cantidad de gente posible de que la política puede funcionar de otra manera, nunca desde el dogmatismo y siempre escuchando nuevas posibilidades. La posibilidad de ser escuchado es la base de la República Constitucional, que no es más que el nombre dado a este modelo por Antonio García Trevijano. Estas ideas están en los libros de este autor como ‘La alternativa democrática’ o ‘Teoría Pura de la República’, libros que se recomienda leer para actuar desde el conocimiento. Aquí solo se encuentra un ‘flash’ de lo que es este modelo, si queréis conocerlo en profundidad se recomienda leer estos libros.

    Comentario por paramisonenigmas | junio 14, 2014 | Responder

  2. ¿Sólo hay tres opciones?

    Venga va, por favor… Las opciones son infinitas pues hay tantas como tantas seamos capaces de imaginar.

    En Mayo del 68 se gritaba: “La imaginación al poder”

    La Izquierda convencional no entiende que ese grito es contra ella por su imposición de doctrinas como dogma de fe y no contra el Capitalismo que, si bien adolece de muchos problemas como sistema, no es uno de ellos el de no aplicar la Imaginación a la Innovación.

    Comentario por HenryThoreao | junio 15, 2014 | Responder

  3. Hola amigo, estas tres cosas son a un nivel muy básico, porque si queremos llamar a algo revolucionario, o incluso reforma política, tenemos que saber qué tipo de cosas son. Dentro del anarquismo, el comunismo o la República Constitucional caben infinitas posibilidades, modos de vida y sucesos, de los cuales podría enumerarte cientos, sin exagerar!

    Pero si tú tienes alguna alternativa que no encaje dentro de lo que es el anarquismo, comunismo en cualquiera de sus variantes o República Constitucional puedes plantearlas, para eso se hizo el post. Y que sepas que estoy de acuerdo contigo en que las opciones son más de tres, lo he dicho en el artículo.

    ¿Tú qué prefieres, una ruptura o una reforma gradual? 😉

    Me pregunto también a qué llamas la izquierda convencional, ¿a toda la que ha existido en el pasado? Y en tal caso ¿a qué llamas izquierda no convencional?

    Comentario por paramisonenigmas | junio 15, 2014 | Responder

  4. Reblogueó esto en yofumoenpipa.

    Comentario por LupeMateo | junio 15, 2014 | Responder

  5. Reblogueó esto en Me Llamo Tierra.

    Comentario por Hermes da Vinci | junio 15, 2014 | Responder

  6. Hola. Bueno, primero quería decir que no entiendo porque defiendes la democracia de Atenas, me parece un total error , y creo que estaría bien una rectificación.

    Y digo esto porque la gran parte de la población de la antigua griega no podía decidir nada , es más, vivían de una forma infrahumana.

    En Atenas decidían algo unos pocos hombres privilegiados y ya está. Pero la realidad es que las mujeres , los esclavos y lo extranjeros no podían elegir nada y no tenían el más mínimo derecho.

    Y ahí están las cifras, las mujeres son ya la mitad de la población, y los esclavos formaban una gran parte de la población. Es más la población de esclavos era tan escandalosa que en un censo de Grecia aparecían registrados 21.000 ciudadanos por cada 400.000 esclavos.

    Yo creo que prefiero hasta el Feudalismo antes que eso , me parece menos hipócrita . Un horror ambos sistemas.

    Y sobre como solucionar el problema que tenemos ahora, es complicado…, en realidad hasta ahora todas esas revoluciones , esos cambios de sistema han surgido por la lucha contra el poder establecido, pero ha sido un engaño.. Lo que ha ocurrido es el quítate tú para ponerme yo.

    A mi el anarquismo y el comunismo no me dan esperanzas , todo lo contrario.. porque ya los conocemos y la realidad es que han fracasado.

    Lo que yo quiero es el Estado de bienestar para todos. Para la totalidad de la población.

    Comentario por MAGI | junio 16, 2014 | Responder

    • Hola MAGI, tú me conoces y sabes que no soy partidario de excluir a nadie, y comparto contigo todo lo que has dicho, la esclavitud y la servidumbre que había en Grecia eran importantes en todas partes y es curioso porque no hubo apenas ninguno de ellos que dijera que eso estaba mal. También las mujeres estaban en una situación claramente inferior, por ejemplo, en la propia Atenas, aunque las mujeres espartanas (las que pertenecían a la clase alta, claro) tenían una consideración y respeto elevados.

      Creo que no has leído esta antigua entrada: ¿NOS DABA MIL VUELTAS LA DEMOCRACIA ATENIENSE?

      Evidentemente, no es lo que has mencionado lo que defiendo de ese modelo de democracia, sino lo que sucedía dentro de la clase más libre, y no fuera de ella donde no había posibilidad de participar. Aunque eran pocos los participantes, el modelo de democracia era muy potente, por la manera en que se hacía, NO por el número de gente que se incluía.

      Aparte, piensa por qué la esclavitud ha durado tanto en el mundo. El feudalismo es vasallaje, y no deja de ser esclavitud, aunque con un determinado tipo de contrato, que podía ser de por vida. Si la esclavitud ha sido abolida no es por bondad humana, es porque ya no era necesaria para los intereses del nuevo capitalismo. Los esclavos no son buenos para las fábricas, ya que no sería rentable: por eso es bueno explotarles con un salario para que puedan mantenerse con vida. Luego los obreros han ido pidiendo más y más salario, pero casi nunca se han planteado el controlar ellos mismos la actividad productiva (comunismo).

      Comentario por paramisonenigmas | junio 16, 2014 | Responder

  7. ¡Y vuelve la burra al trigo! “No se trata de cómo tiene que ser la sociedad” y “… la política puede funcionar de otra manera, nunca desde el dogmatismo y siempre escuchando nuevas posibilidades”. Claro, se escuchan esas posibilidades, pero si contradicen lo más mínimo el modelo propuesto, se rechazan o ignoran y se sigue erre que erre con la tarea de insistir en que dicho modelo es sinónimo de democracia y el resto dogmatismo. La táctica parece haberle funcionado a otros en el pasado.

    Sin tener en cuenta (y ahora ya no cabe la presunción de ignorancia, pues ya está suficientemente expuesto) que la contundencia de los números desmienten uno de los principios de la democracia: el del voto igual. Volvamos a ello.

    Dado que la única excusa para poder justificar este sistema es la necesidad de liquidar la partitocracia instalada en el actual (cosa en la que creo que estamos todos de acuerdo), se recurre al sistema de escrutinio mayoritario uninominal. Y “de un modo objetivo se establece que la unidad política sean..” circunscripciones de alrededor de 100.000 electores cada. ¿De qué modo objetivo se ha establecido eso? ¿Y por qué la oración es impersonal? ¿Es que no lo ha establecido ninguna persona concreta? ¿O sí tiene nombre y apellidos quien lo ha establecido? Porque, en este último caso, tendría que responder a unas cuantas preguntas.

    Ante todo, se parte de la idea de que con este sistema los partidos, por arte de birlibirloque, desaparecerán de la escena y, con ellos, la partitocracia. Aunque fuese tan sencillo como parece, estamos eliminando de la escena a otro de los derechos fundamentales y libertades de las personas que todo sistema que diga llamarse democrático debe defender: el derecho de asociarse con otros en defensa de los intereses y aspiraciones que tengan en común. En cualquier caso, como el fondo es otro, dejemos este principio para otro momento (no que por su importancia no merezca ser debatido en profundidad). Aun así, los partidos podrían irrumpir en la vida política tanto públicamente como en la clandestinidad. Sobre esto tampoco voy a extenderme ahora porque creo que es de sentido común y, por si acaso, os recuerdo la (presunta o no) existencia de ciertas organizaciones rodeadas de misterio a las que se les asocian todos los males de este mundo (masonería, club Bielderberg, etc.).

    Pero, a pesar de todo lo dicho, digamos que ya no hay partidos. Se supone que tampoco partitocracia. Perfecto. Ahora, según sea la duración de las legislaturas, los candidatos se presentan con más o menos propuestas y posturas definidas ante cada uno de los temas candentes que preocupan a la sociedad. Temas que algunos prometen con llevar al órgano legislativo de la nación para convertirlos en leyes, ante los que van perfilándose los distintos candidatos de todas las demarcaciones a lo largo y ancho de la nación.

    Y vuelvo al ejemplo expuesto en el blog de Vicente. Vamos a simplificar al máximo: los candidatos sólo presentan 3 leyes en su prograna para esa legislatura. Y, aunque caben más posturas, aparte de las intermedias, como estamos simplificando, para cada una de las leyes que saldrán o no los candidatos se comprometen a promover y votar a favor de su implantación (A) o de mostrarse en contra (B) con lo que la mayoría de miembros del órgano legislativo, en representación de la sociedad, promulgarán o no dichas leyes. Y ya que estamos simplificando, vamos a suponer que sólo hay un candidato por programa, y estos programas serían idénticos en todas las circunscripciones. Serían:

    1) AAA
    2) AAB
    3) ABA
    4) ABB
    5) BAA
    6) BAB
    7) BBA
    8) BBB

    Ya estamos sin partidos, pero seguimos teniendo a los candidatos de las distintas circunscripciones agrupados en torno a una idea común. Bien, como proponéis la elección a doble vuelta, vamos a suponer que sólo los candidatos 1 (AAA) y 8 (BBB) son los que quedan para la 2ª en todas las circunscripciones. Y como ya ha quedado claro en anteriores debates, poco importa que haya casi 3/4 de la población que se decante por una de ellas, que con poco más del cuarto restante podría imponerse por mayoría de diputados la otra. El razonamiento, sin ahondar en cálculos matemáticos, es bien sencillo: como sólo se necesita la mitad más uno de los diputados y cada uno de estos sólo necesitan la mitad de los votos de su respectiva demarcación, el cálculo es fácil: muy poquito más de la cuarta parte del electorado. Todo esto lo tenemos ya suficientemente debatido en el otro artículo, pero podemos volver a ello si no está todavía lo suficientemente claro.

    Y ya que en este artículo (mejor dicho, en la respuesta # 1) dices que crea leyes, vamos a dejarlo en que así es: aprueba las leyes, que son de obligado cumplimiento una vez entren en vigor. Pero, seguimos teniendo el problema de que la minoría de la población puede obtener una mayoría de diputados y, por tanto, salir aprobadas leyes que sólo desean una parte minoritaria de la sociedad. Pero, aun así, el sistema de escrutinio mayoritario uninominal es irrenunciable. Todo ello sin dogmatismo, ¿verdad?

    Comentario por Nicolás Cuadrado Bravo | junio 16, 2014 | Responder

    • Nicolás, me parece sorprendente que hayas abierto exactamente el mismo debate que teníamos en las otras dos entradas, en el blog de Vicente [ elparnasillo.blogspot.com.es/ ] que sepas que estoy dispuesto a continuarlo ‘ad infinitum’, pero creo que ya tenemos otros espacios donde desarrollarlo. Además, acepto algunas de tus críticas como válidas, por ejemplo la última de que no todo el mundo estará satisfecho, y que eso podría llegar a ser la mayoría. No lo he analizado con suficiente profundidad como para negarlo rotundamente, pero desde luego, mi parecer es que eso no puede suceder si se siguen las coordenadas que indica el modelo del que hablamos (llamado República Constitucional). Pero hay otras críticas que no las acepto porque son falsas, y ya te lo he intentado hacer ver unas 3 o 4 veces con bastante detalle… No es que sea dogmático, es que no comprendes algunas cosas de este modelo, y vuelves a criticar de manera equivocada, a una cosa que no es.

      Por ejemplo, una de las cosas en las que parece que pretendes criminalizar a este modelo es decir que los partidos políticos tienen que desaparecer, ¡eso es una confusión enorme! Confundes a la partidocracia con la existencia misma de los partidos, y son dos cosas bien diferentes. Creo que te lo habré dicho unas 10 veces, pero lo vuelvo a hacer: los partidos políticos son necesarios, es bueno que se reúnan, difundan sus ideas, planteen propuestas. Lo único que el modelo RC quiere prevenir es que alcancen el poder político como partidos, que es lo que desemboca en una partidocracia. Es lo que dicen de que los partidos tienen que pertenecer a la sociedad y no al Estado. Lo que está en el Estado, controla el poder de un país. Por eso no deben ser partidos políticos. Es una opción, si no estás de acuerdo, me parece bien y no creo que pueda convencerte de otra cosa.

      Es un modelo donde los representantes son revocables y están abiertos a sus electores, no sé qué más se puede pedir, y en cuanto a lo de los 100.000 habitantes está basado en un análisis con el que puedes o no estar de acuerdo, hecho por García Trevijano. Ahora, si no te parece correcto puedes plantear otra cosa, estás en tu derecho y tranquilo que nadie te lo quitará. Salud!

      Comentario por paramisonenigmas | junio 16, 2014 | Responder

  8. Si es que mi crítica la puedes ver enseguida con la calculadora (o con lápiz y papel) multiplicando 0,51 * 0,51. Hombre, que no se tarda tanto en averiguar que podría llegar a ser menos de un 26% imponiendo su voluntad al resto. Y en el extremo opuesto, leyes para las que se necesite un alto grado de aceptación social podrían salir fácilmente ese número de diputados si el voto está distribuido igualitariamente (que el caso extremo sería que menos de un 51% de la población obtuviera el 100% de los diputados). Y que la realidad se moverá siempre entre esos dos extremos, caprichosamente, pero sólo durante un estrecho margen la representación será fiel a la proporción del electorado.

    Vamos con los partidos. Yo sólo expongo el supuesto extremo de la prohición para dejar claro que, incluso así, no nos libraríamos de ellos, pero en ningún momento he afirmado que vosotros hayáis dicho que pensáis en ilegalizarlos. Con partidos legalizados o no, me he ido al ejemplo de las opciones para volver a poner el dedo en la llaga del sistema de escrutinio mayoritario uninominal, para dejar claro que aún sin partidos ese sistema falla.

    Si los partidos siguen existiendo dentro del marco jurídico, aunque no puedan concurrir como tales a las elecciones (las famosas “listas cerradas”), nada les impide que decidan en sus sedes y a puerta cerrada quiénes de entre sus filas se presentarán como candidatos a los comicios, así como el programa con el que intentarán convencer al electorado, que podría ser el mismo en todo el territorio nacional. Y, so pretexto de facilitarle la labor de estudio de los diferentes programas al votante, se volvería al sistema actual: partidos que deciden el programa y las listas de los que se presentan. Sólo habría cambiado el sistema de escrutinio que, como los números evidencian, merma ostensiblemente la soberanía del pueblo, ya que no es la opción mayoritaria la que tiene garantizado el triunfo. Y este si que es un atentado grave al concepto de democracia: un pueblo donde, aunque sea eventual y aleatoriamente, la mayoría no decide la Ley. Los partidos de nuevo en el poder y con la paradoja de que el que mayor número de diputados tenga sea el que menos votantes tiene en el conjunto del cuerpo electoral. Y no hemos mencionado cómo potencia ese sistema de escrutinio el bipartidismo, haciendo prácticamente inútiles los esfuerzos de las opciones emergentes caso de que cayeran (o nunca hubieran dejado de estarlo) de nuevo en lo que actualmente conocemos como “casta”.

    En este estado de cosas, ¿sigues afirmando que es más fácil sustituir a un bloque de diputados en una situación que en otra? ¿en qué se diferencian? ¿y cómo previenes que los partidos controlen el Estado?

    Y la revocabilidad del representante no la da el sistema de escrutinio, sino el instrumento jurídico que lo haga posible. Con dicho instrumento, el diputado será revocable, y si se carece de él, será irrevocable. Y si de lo que se trata es de que el pueblo (soberano, si hablamos de democracia) dicte la Ley, lo de menos es quién lo haga en su nombre, sino que debemos centrar nuestra atención en que sea esta voluntad y no otra la que se transforme en las leyes que modifiquen el ordenamiento jurídico, por lo que es más importante el mecanismo de impugnación de leyes aprobadas fraudulentamente (es decir, con los representantes votando en sentido distinto a como prometieron en sus programas) que la revocabilidad de los diputados.

    Y el análisis de Trevijano sobre los electores por circunscripción, me gustaría saber qué criterios ha seguido para responder a unas cuantas preguntas: ¿cuántos votantes le salen en el caso norteamericano? ¿y en el danés? ¿y en el chino?

    ¡Salud!

    Comentario por Nicolás Cuadrado Bravo | junio 16, 2014 | Responder

    • Se le olvida sumar 0.49 * 0.49, lo que da un total de 50.02%

      Comentario por granberro | julio 5, 2014 | Responder

  9. Hola Nicolás, intentaré resolver todas tus preguntas en la medida en que yo pueda, porque otros saben más que yo de este tema y en general de derecho, historia y otras cuestiones, yo solo soy un novato. Pero por favor, no sigamos alargando por aquí este debate (te emplazo a los post anteriores sobre este modelo político) porque quiero dejar espacio para hablar de otras alternativas.

    Sigo pensando que mezclas cosas, y que a unas críticas que sí son aceptables les unes otras que demuestran una equivocación respecto a la RC, aunque me alegra que reconozcas que no es uno de sus propósitos ilegalizar todo partido político.

    En primer lugar, pienso que los seres humanos no funcionan de manera matemática. Si así fuera, dictaduras totalitarias donde solo manda un partido, habrían tenido un enorme apoyo por parte de su población, aunque otras no han sido tan afortunadas (o eficaces, según se mire). El pueblo alemán por algún motivo apoyaba al partido Nazi, lo mismo sucedía en Italia con Mussolini y aquí con Franco. Son dictaduras que consiguieron absorber y obtener el apoyo de las masas, por supuesto todas ellas tenían opositores. Según tu punto de vista, esas dictaduras serían legítimas solo porque una gran parte de la población las apoya (el caso de los nazis fue simplemente espectacular). Ya sé que no lo crees, pero si llevamos lejos tu argumento, podemos concluir esto.

    Tú divides a cada distrito, igual que Moisés dividió el Mar Rojo, en dos mitades enfrentadas para cada cuestión o tema. Y luego te preguntas por qué un distrito de 100.000 habitantes. Es lógico que estas dos dudas o críticas vayan juntas. Pero ahora te propongo un ejercicio de imaginación, piensa que vives en un distrito de 100.000 habitantes, que elige a un diputado para la Asamblea, y que elige también funcionarios públicos para ocuparse de los asuntos internos del lugar. Imagina que se celebran asambleas (esto es algo que he añadido yo al modelo, Trevijano no habla de esto por lo general) en centros públicos donde las personas podéis reuniros y hablar de diferentes temas importantes o no, y que las conclusiones de estas asambleas pueden ser llevadas a oídos de los funcionarios quienes deberán acogerlas como propias (so pena de ser sustituidos, claro, que es la otra vía). Piensa en la gran cercanía que tienen estas personas si forman una unidad política, a diferencia de por ejemplo, una comunidad autónoma, con millones, o todo un país, con decenas de millones o a veces cientos de ellos (India supera los 1000 millones, China, Brasil, etc). El número limitado de personas es fundamental para que puedan verse representadas en su totalidad, porque cuanto mayor sea el número, mayor distancia entre unos y otros, mayor disparidad. Además te explico que lo de los 100.000 se debe al concepto de ‘mónada electoral’ es decir, aquella unidad política que alberga el conjunto de las fuerzas sociales que incluye la sociedad moderna. Por ejemplo, habrá agricultores, habrá médicos, pescadores, tenderos, transportistas, profesores, etc. A cada uno le afectan temas por su profesión y ámbito profesional, que no le competen tanto al resto de la sociedad. Cada uno sabe lo que quiere. Y es verdad que habrá diferencias pero es que nadie propone satisfacer al 100%, al revés, sería una monstruosidad pretender que no existan estas diferencias. Ello implicaría un pensamiento único. Todos estos factores favorecen, junto al dinamismo de la acción política que es propia de la democracia, esa inestabilidad permitida ya, que la representación del pueblo sea prácticamente total y absoluta, y esa frustración de la que hablas es simplemente absurda, no existirá en este modelo, como existe y tan gravemente en esta partidocracia.

    No coincido tampoco con que el modelo de los partidos políticos haciendo listas proporcionales sea algo a lo que haya que regresar ad aeternum. Claro que se puede presentar alguien como diputado y funcionario siendo de un partido político, pero como los diputados tienen que representar a sus electores, en el momento en que sus intereses viren hacia el partido por encima de los electores, se acabó la bicoca, se le sustituye y se pone a otro. A otro que no tiene por qué pertenecer a ningún partido. Los partidos pueden ser una buena herramienta para hacer política, darse a conocer, etc, pero hay que sacarlos del poder como tales, porque eso es lo que lleva a toda la corrupción y la famosa ‘casta’.

    Comentario por paramisonenigmas | junio 16, 2014 | Responder

  10. Y a este asunto me estoy ciñendo: alternativas al modelo actual. Pero, al igual que las diferentes hipótesis científicas que van apareciendo para explicar algún fenómeno físico, se trata de ir descartando las inválidas para ir seleccionando las que ofrezcan en principio cierto grado de coherencia con el fenómeno observado y con el estado de conocimientos de la ciencia en ese momento. Y como creo que el modelo que propones debe ser eliminado de la lista, por eso lo he tratado en los comentarios anteriores, intentando resumir al máximo lo que ya hemos debatido con cierta amplitud en los otros posts. Y, como sigues en tu línea de contestarme a lo anterior, voy a darte la réplica:

    Dices que los humanos no funcionamos de manera matemática, ¿he dicho yo lo contrario? Te refieres a que la mayoría no es quien debe decidir la ley por la que ha de regirse la comunidad y, como ejemplo, pones en mi boca el que las dictaduras sean legítimas con la única condición de que una mayoría de la población las apoye. Y así sería, si no fuera por un pequeño detalle: en las dictaduras se elimina al opositor (físicamente o se le inhabilita desposeyéndole de sus derechos) con lo que el consentimiento del resto está viciado y, por tanto, es inválido. Así que búscame una dictadura donde el vicio del consentimiento y la inhabilitación del opositor no se dé y, muy a mi pesar, no tendré más remedio que calificarla de legítima.

    Democracia es el gobierno del pueblo. En la soberanía del pueblo (poder que no conoce superior) reside la democracia y su primera manifestación es la creación de la Ley por la que ha de regirse ese pueblo. Esta no sólo es desde el punto de vista dialéctico la premisa mayor, sino que además es el principio más sagrado que debe ser aplicado para que esa colectividad pueda llamarse “democracia”. Y como el pueblo es la suma de todos los individuos, no todos pueden hacer la ley, ya que en ese caso no habría Ley posible, sino distintas leyes (o comportamientos exigidos) ante un idéntico supuesto de hecho. Vamos a dejar, de momento, aquí este asunto, así como el de qué es un “pueblo”, ya que a efectos prácticos podremos convenir en que es la suma de todos los individuos que tienen el derecho de sufragio activo. Es decir, el cuerpo electoral. Si quieres, profundizamos sobre ello, pero si estamos de acuerdo, podemos seguir adelante. Dicho esto, no se trata de que los seres humanos funcionen de forma matemática, que es la reducción que propone el sistema de escrutinio mayoritario uninominal, sino que la mayoría de los individuos de ese pueblo (más concretamente, de ese cuerpo electoral) es quien debe decidir la Ley, y no la minoría, pues en ese caso estaríamos en presencia de una oligarquía (unos pocos se imponen a los muchos). Por tanto, cualquier juego malabar tendente a presentar como mayoría lo que es (incluso pueda eventualmente ser) una minoría, sólo merece mi más completa repulsa y no dejaré de intentar denunciarlo como lo que realmente es: la máscara de una democracia.

    Y no soy yo el que hace las divisiones: eres tú. Con el objeto de defender (sin dogmatismos, claro), hasta el límite de negar la evidencia más elemental que proporcionan los números, el sistema de escrutinio mayoritario simple, divides a la sociedad en compartimentos estancos (a los que llamas “distritos”) y ahora tanto da la materia a tratar: deben someterse cogiditos de la mano (aquí sí, ahora sí vale lo que valga la mayoría) cuando de sobra es sabido que hay muchos asuntos en que las distintas posturas no sólo son diferentes, sino incluso antagónicas y, a la vista está, irreconciliables. Y para argumentarlo, mezclas dos grupos de intereses que no tienen nada que ver entre sí: los que incumben a la comunidad nacional por entero (leyes penales, la mayor parte de las civiles, administrativas) con los intereses económicos de cada zona geográfica concreta (que variarán en función de la actividad predominante en dicha zona). Pero todo eso ¿sin dogmatismos? a ti te da igual. Vas lanzado a piñón fijo y no sólo no te paras a ver la diferencia y sus repercusiones, sino que como un malabarista, intentas que a los demás nos pase desapercibido. Claro que si mi zona es minera (por ejemplo) tengo más intereses en común con mi vecino que con un ciudadano de Granada (no siempre, yo puedo ser el minero y él el accionista de la compañía explotadora de la concesión), pero con respecto a otras materias (por ejemplo, la tipificación de determinados delitos societarios) puedo coincidir más con alguien de Pontevedra que con los que habitan en mi misma calle, con los que me ha “tocado en suerte” compartir la circunscripción electoral en la que intentas aislarnos.

    Y con el comentario anterior sólo intentaba mostrar que este modelo propuesto no resuelve el problema de la partitocracia per se, sino mediante el concurso de instrumentos que parecen auxiliares, pero que son en realidad los únicos que podrían hacerlo: la revocabilidad de los representantes (sobre este tengo mis dudas, como expresé anteriormente, aunque lo apoyaría por razones de justicia) y la impugnabilidad de sus decisiones fraudulentas. Y estos instrumentos pueden estar presentes o ausentes en cualquier sistema, no están ínsitos en ninguno. Y las mismas garantías ofrecen en uno y en otro. Pero, todo ello (sin dogmatismo, ¿verdad?) a ti parece importarte muy poco.

    Tu muy adorado señor Trevijano ha establecido la unidad en unos 100.000 electores porque es el número (sin que las personas funcionen de manera matemática, ¿verdad?) que en España nos daría, dada nuestra población, unos 350-400 representantes en un órgano legislativo, cantidad más que razonable para organizar grupos de trabajo, comisiones… y no porque ese volumen de ciudadanos constituya una cifra ideal de una comunidad unitaria ideal. Porque, ¿te imaginas a 14.000 diputados debatiendo en un hipotético Parlamento chino? ¿o a 3 en el caso islandés? Es lo que tiene el seguir ciegamente las ideas de otro renunciando a los criterios propios: que tienes que ir dando palos de ciego e improvisando a cada momento. Pero, claro, ahí hay un señor que sabe mucho y debemos seguir sus enseñanzas… sin dogmatismos, ¿no?

    Amén.

    Comentario por Nicolás Cuadrado Bravo | junio 18, 2014 | Responder

  11. Hola amigo Nicolás, ya te digo que no parto del dogmatismo, porque si lo hiciera no dejaría que nadie viniera a criticarme y en cambio, lo que más me gusta es que la gente venga a debatir y dar otro punto de vista aquí al blog, por lo que no creo estar siendo así. Además, varias de tus críticas me hacen pensar y son muy válidas.

    Primero, en lo que dije de las dictaduras que apoya la mayoría, yo no dije que tú lo hubieses dicho, era una simple conclusión a la que se podría llegar, si pensamos que lo acertado es lo que la mayoría apoya. Es evidente que los opositores son combatidos y eliminados en cualquier dictadura, y que todo está controlado por la propaganda, a veces más por la propaganda que por el miedo. Por eso en las dictaduras no hay libertad, que es lo fundamental, lo que tenemos que buscarle una manera de que se haga realidad.

    Comparto contigo lo de que las leyes son el fundamento de un pueblo libre, pero siempre que esas leyes hayan sido redactadas con libertad, empezando por una Constitución, y luego las leyes hechas por legisladores elegidos por la gente, separadas del poder ejecutivo. En esto creo que estamos de acuerdo al 100% y también con la teoría de la RC. No creo que un pueblo sea únicamente lo que dices: ‘ la suma de todos los individuos que tienen el derecho de sufragio activo’. También un pueblo tiene una raíz cultural, histórica, que le es propia. Un pueblo es una comunidad humana unida por su pasado y que forma unidades políticas como países, regiones, localidades, etc. Como tales, deberían tener una cierta independencia en cuanto a sus asuntos internos, es mi opinión. Veo que tenemos una opinión muy diferente de lo que sería la elaboración de las leyes bajo este modelo y me parece bien, yo sigo defendiéndolo, sin ser por ello perfecto (eso no existe) porque me parece mucho mejor que lo actual, y no comparto ese cálculo por el cual la minoría se puede imponer. Pero es que tampoco creo que tú tengas una alternativa por la cual según tú la representación sea mayor. ¿El sistema proporcional de los partidos, con mandato imperativo y separación de poderes, pero guardando el proporcional donde se elige a una lista de candidatos? Eso ni siquiera es democrático, los diputados obedecen a su partido no al elector, así de claro.

    También te equivocas en que los distritos de 100.000 serían estancos: cada uno de ellos tiene capacidad para controlar sus asuntos internos, y eso es lo bueno, pero también participarían en la elaboración de las leyes con un diputado, y en los asuntos más allá de su distrito pero regionales, hablando y decidiendo junto con los funcionarios de otros distritos vecinos. No me parece eso ser estanco y cerrado.

    Una vez más, di cuál es tu alternativa, y no te limites solo a criticar a los que creemos en una de ellas.

    Comentario por paramisonenigmas | junio 18, 2014 | Responder

  12. Hola, Víctor. Tienes razón: la educación ante todo. Y a pesar de los rifirrafes (y aunque no te lo creas) tengo un buen concepto de vosotros. Bien, vamos con la réplica.

    No dices que yo haya dicho textualmente que los números lo justifican todo, pero ya te he dicho en el último comentario por qué. Y tampoco es que los números (la mayoría, deberíamos decir) lo justifiquen todo, sino que es la premisa mayor para que un sistema pueda llamarse “democracia”: o es la mayoría la que decide la Ley, o no hay democracia. Podremos defender cualquier sistema en que la mayoría represente un papel marginal, pero tendremos que justificar el porqué y no podremos denominarlo democrático. Es de perogrullo.

    Por tanto, y ya que coincides en esto, ya tenemos el primer tópico en común: la mayoría ha de decidir la Ley. Lo del respeto a las minorías es tema que nos puede llevar a otro debate más largo que el anterior, así que vamos a solucionarlo (si te parece) con que es suficiente una Constitución en que estén reflejados unos mínimos y para cuya reforma se requiera un alto grado de voluntad social como para que los derechos de estas se encuentren a salvo de las veleidades de una eventual mayoría que no alcance tal grado.

    Y no es que haya dicho que un pueblo sea únicamente la suma de todos los individuos con derecho al sufragio activo, sino que a los efectos que aquí estamos tratando, en definitiva “pueblo” y “cuerpo electoral” viene a ser lo mismo: sería la suma de todos los individuos que tienen capacidad de decisión para hacer la Ley (los menores y los incapaces se supone que ya están suficientemente representados por aquellos de los que dependen y que sí tienen capacidad de decidir). Y vamos con la independencia en los asuntos internos: por supuesto que coincidimos en esto, en que las distintas comunidades naturales en que se puede subdividir el pueblo de una nación deben tenerla. Pero de lo que estamos hablando es del órgano legislativo del todo, no de las partes. De leyes penales, civiles, mercantiles, tributarias, de Seguridad Social, … Y para eso no hay divisiones porque a todos afectan por igual (sin perjuicio que algunos sectores económicos necesiten un empuje y la ley tributaria establezca justificadamente un trato de favor, pero sólo a ciertas personas físicas o jurídicas por ese motivo, nunca a los territorios).

    Y si del sistema de escrutinio sale que la soberanía queda dividida, obviamente algo está fallando. Y si, además, sale que una minoría puede (una vez más, aunque sea eventualemente) imponer su voluntad, algo más grave sigue fallando. Y yo no es que defienda que el modelo actual sea una panacea, sino el que propones lo empeorar. Y por eso me centro en los defectos que tiene el nuestro y propongo que, tal vez, corrigiendo sus fallos, podría ser aceptable. El modelo suizo también nos aporta una idea muy simple, pero tremendamente eficaz: toda ley, antes de entrar en vigor, puede ser sometida a referéndum. Reuniendo un número determinado de firmas, cualquier persona puede pedir que la ley se someta a refrendo popular. Fíjate qué instrumento tan simple pone a la Ley por debajo del sujeto legitimado para emitirla: el pueblo soberano.

    Comentario por Nicolás Cuadrado Bravo | junio 18, 2014 | Responder

  13. Los números están equivocados, no se están teniendo en cuenta a todos los ciudadanos que están a favor

    Comentario por granberro | julio 6, 2014 | Responder


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