LA TIRANÍA DE LA AMABILIDAD OBLIGATORIA.

Buenas, hoy me ha pasado algo que me ha dejado helado por dentro, y pensativo a la vez. Resulta que iba en bici por la calle, por una acera (yo siempre voy con mucho cuidado por la gente) y me tuve que parar debido a que me encontré que una madre vestida como musulmana, un hombre y un niño pequeño bloqueaban el paso. Frené para no pasar cerca del niño por si acaso este no me veía. El padre de repente me pide perdón y yo le digo que no pasa nada. La madre coge entonces al niño como si hubiera hecho algo malo, de mala manera, llevando hacia abajo su cabeza, y luego le coge en brazos. Yo insisto al hombre: tranquilos que no pasa nada, no hay problema… Y lo peor no fue la exagerada reacción de la madre, sino lo que a continuación me dijo el hombre: es normal, si él (el niño) va por la carretera. ¿A qué se debe esto? Estaba ocurriendo en una acera, y si alguien estaba yendo por un lugar que no tocaba ir era yo. Mi pregunta es ¿estamos llegando a un punto, la población en conjunto, en el que nuestra actitud dócil o nuestro miedo nos llevan a negar la propia realidad?

Son varias las posibilidades para explicar una conducta así, que por cierto, está completamente al orden del día allí donde vayamos en todo tipo de circunstancias. Somos dóciles, excesivamente complacientes. Se respira en el entorno una amabilidad falsa, motivada solamente por el miedo a quedar mal, a ser rechazado, al conflicto con el otro, a la discrepancia. La misma amabilidad que podemos ver en las cajeras de un supermercado, en un comercial inmobiliario, o en las grabaciones de las compañías telefónicas. Fuera de esto, parece que veamos en los demás solo amenazas, que no sintamos otra cosa que desconfianza, y eso hasta el punto en el que cualquier interacción que sobrepase un umbral mínimo o establecido por la rutina, eleva los niveles de adrenalina y causa pánico.

Me parece que viene bien recordar unas frases de Etienne de la Boetie, autor de un libro que me quiero leer dentro de poco llamado ‘La Servidumbre Voluntaria’.

La primera dice: Siempre ha pasado que los tiranos, para fortalecer su poder, han empleado todo su esfuerzo en entrenar al pueblo no solo en la obediencia y el servilismo hacia ellos, sino también en adoración’.

Y la segunda: La libertad es la condición natural del pueblo. La servidumbre, sin embargo, se promueve cuando el pueblo es criado en la sumisión. La gente está entrenada para adorar a los dirigentes. Mientras la libertad está olvidada por muchos, siempre hay algunos que nunca se someten’.

Pero esto no es solo un fenómeno que se produzca hacia los gobernantes políticos ni personas de alta jerarquía. No se trata de un asunto político, sino psicológico. Ocurre cada día en las interacciones que se dan entre las personas en la calle, en las tiendas, entre los vecinos de un edificio, en los puestos de trabajo… Incluso con nuestros amigos podríamos estar siendo dóciles sin darnos cuenta, solo para mantener así su amistad. ¿Os han pasado situaciones parecidas?

La docilidad, la conducta pasiva, la amabilidad forzosa y obligada que mantenemos día tras día, acaba explotando en gestos o actitudes hostiles y agresivas. Tampoco es difícil encontrarse gente que a la mínima te manda a la mierda o te insulta, o gente que critica exageradamente a los demás, incluso sin conocerles, o personas que buscan bronca y conflicto. Ayer mismo vi como un chaval joven le daba una patada a un cristal de una famosa hamburguesería (no quiero hacer propaganda) y lo rompía en pedazos, para a continuación marcharse como si nada hubiera pasado. Nadie reaccionó a eso, se siguieron repartiendo hamburguesas y patatas. ¿Vivimos en una sociedad donde todo debe parecer bonito, agradable, hecho por nuestro bien, a toda costa? ¿No será este el dogma más incuestionable de nuestro tiempo, ante el que permanece ciega más proporción de gente? Por qué tanta depresión… ¿no será en parte por atribuirnos todo lo malo a nosotros mismos, por tener que aparentar que todo está bien cuando no es cierto?

Así parece la sociedad en la que vivimos. Habrá amabilidad mientras nada sea alterado en el orden establecido. Si ocurre cualquier alteración, será severamente castigada, y problema resuelto. El descontento, el malestar, la disconformidad, se tapan y ocultan como la mayor abominación que haya nunca existido. He aquí la imagen permanente de uno de los más grandes tiranos de nuestra época:

4 comentarios sobre “LA TIRANÍA DE LA AMABILIDAD OBLIGATORIA.

  1. El problema es que lo dócil siempre se lo anexa con lo bueno, esa perspectiva tan errónea en nuestra sociedad domesticada..
    En estos tiempos el instinto se deja a un lado, está mal visto.
    Por cierto qué buen blog, me alegra haberlo encontrado. Saludos desde Argentina.

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    1. Pues bienvenida a la tripulación 🙂

      Quedas invitada a continuar participando y aportando. He de decir que me anima mucho ver cómo esto se reactiva, es muy poca la gente que comenta y el blog está parado durante semanas, también porque últimamente no tengo mucho tiempo de escribir.

      Un saludo!

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  2. Respecto a lo que te sucedió con aquella familia, ya sea de la religión que sea o de la procedencia que sea a mi me pasó que estaba saliendo con el coche marcha atrás de un sitio que se aparca en batería, se me cruza una señora cerca de 60 años en el medio teniendo metro y medio de acera despejada para ella sola, pegué frenazo en cuanto la vi de repente con el retrovisor, me pegué un susto y ella tan normal, lo poco que me fijé era una señora autóctona que casi provoca un accidente y yo me sofoqué. De haberle dicho que vaya por la acera me hubiera respondido mal. En un giro también pillé otra cruzando fuera del paso cebra, le dije que vaya por el paso cebra y me respondió algo que no le entendía.
    Yendo de senderismo, una mujer me contó que vio un cazador que apuntaba donde andaba ella, le dice amablemente que va a pasar donde apunta y le respondió “hago lo que me da la gana que yo tengo el arma”, la mujer con mala ostia tuvo que ir por otro sitio.
    Todo eso sucede con los medios de comunicación fomentando la mediocridad y la estupidez. Yo también caigo en la trampa aunque no tenga televisión. Estamos bombardeados por todos lados con publicidad

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