LOS RIESGOS DE LAS VACUNAS PARA COVID-19 SEGÚN LOS ARTÍCULOS CIENTÍFICOS.

En este artículo vamos a detallar lo que exponen diversos artículos científicos respecto a los posibles riesgos de las vacunas para el COVID-19, una enfermedad como ya sabemos, que afecta más al sistema circulatorio que a otros, y de la que se sabe que la proteína S, la misma que fabricamos mediante el material genético que se nos inyecta en estas vacunas (Pfizer, Moderna, AstraZeneca, Jannsen, etc), es capaz de producir por si sola los mismos daños que la infección viral. Me limitaré a traducir literalmente del inglés lo que estos artículos exponen.

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El siguiente extracto del artículo de junio de 2021 titulado: ‘Vacunas para SARS-CoV-2: Luces y sombras’ es interesante ya que trata de alertar sobre el hecho de que la población que ya ha entrado en contacto con el coronavirus y ha generado una respuesta inmune natural tiene más riesgo de padecer enfermedades coronarias como la trombosis o la miocarditis (inflamación del corazón) que aquellos que reciben la vacuna sin haber estado nunca en contacto con el virus, algo que no se tuvo en cuenta en los ensayos, ya que en los mismos ninguno de los participantes estaba previamente inmunizado de manera natural (por haber pasado y superado la enfermedad sin vacuna). La conclusión que saco de la lectura de este artículo es que las personas que ya estén inmunizadas de forma natural no deberían vacunarse, pues la inmunidad que ellos tienen es igual o incluso superior a la que pueda inducir la vacuna.

Las vacunas para prevenir el síndrome respiratorio agudo por la infección del coronavirus 2 (SARS-CoV-2) obtienen una respuesta inmune neutralizante. Algunas preocupaciones han surgido en relación a la seguridad de las vacunas para el SARS-CoV-2, basadas principalmente en informes de casos de eventos tromboembólicos severos tras la vacunación. Se han sugerido algunos mecanismos que podrían explicar las reacciones cardiovasculares adversas a las vacunas para SARS-CoV-2. Distintos tipos de vacunas están actualmente disponibles incluyendo vacunas de virus vivos atenuados, vacunas inactivadas, vacunas de proteínas recombinantes, vacunas de vector, vacunas de ADN y vacunas de ARN. Las vacunas incrementan la síntesis endógena de las proteínas S (Spike o Espícula) del SARS-CoV-2 por parte de una variedad de células. Una vez sintetizadas, las proteínas S reunidas en el citoplasma migran a la superficie celular y sobresalen al exterior manteniendo su conformación nativa. Estas proteínas son reconocidas por el sistema inmune que rápidamente desencadena una respuesta inmonológica. Tal respuesta resulta ser bastante fuerte en presencia de las vacunas de ADN que codifican vectores virales, así como en los sujetos que están inmunizados debido a su previa exposición al SARS-CoV-2. Las características patológicas resultantes se pueden parecer a aquellas de la enfermedad por coronavirus activa. Las proteínas S circulantes que han sido sintetizadas por las células diana de la vacuna y que son destruidas por la respuesta inmune circulan en la sangre e interactúan sistémicamente con los receptores de la enzima convertidora de angiotensina (ACE2) expresados por una variedad de células incluyendo las plaquetas, promoviendo de este modo la internalización del receptor ACE2 y su degradación. Estas reacciones pueden finalmente conducir a la agregación plaquetaria, trombosis e inflamación mediada por varios mecanismos en relación al receptor ACE2. Mientras que en los ensayos durante la Fase III de la vacuna generalmente excluían participantes con una inmunización previa, la vacunación de enormes cantidades de población en la vida real incluirá inevitablemente individuos con una inmunidad preexistente. Esto puede conducir a reacciones inflamatorias y trombóticas excesivamente potenciadas en sujetos ocasionales. Una investigación más profunda se necesita urgentemente en este área.

Fuente: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/33966930/

Por otro lado, el siguiente extracto de este artículo de Rosella Talotta, publicado en enero del 2021, es interesante porque expone algunos de los mecanismos moleculares del sistema inmune por los cuales las vacunas podrían generar una reacción más elevada de la esperada, induciendo a medio o largo plazo enfermedades autoinflamatorias o autoinmunes.

Leo con gran interés el artículo de Vojdani en relación a la hipótesis de un mecanismo de mimetismo molecular entre la nucleoproteína/proteína S del SARS-CoV-2 y los autoantígenos. Los virus están notoriamente involucrados en la patogénesis de enfermedades autoinmunes, y los autores razonablemente concluyen que una semejante reactividad cruzada puede conducir al desarrollo de enfermedades autoinmunes en pacientes de COVID-19 a largo plazo. Los autores también sugieren que un escenario similar puede tener lugar siguiendo a la vacunación contra COVID-19.

La autoinmunidad asociada con las vacunas es un fenómeno bien conocido atribuido bien a una reactividad cruzada entre antígenos o al efecto de los adyuvantes. En cuanto a la vacuna para COVID-19, este asunto se complica aún más debido a su formulación basada en ácidos nucleicos y al proceso de fabricación acelerado impuesto por la situación pandémica de emergencia. Actualmente, las vacunas formuladas mediante nanopartículas lipídicas conteniendo ARN mensajero que codifica la totalidad de la proteína S han mostrado los mayores niveles de evidencia de acuerdo al perfil de eficacia y seguridad en los ensayos clínicos, siendo por lo tanto autorizada y recomendada para su uso en los Estados Unidos y en Europa. Aunque los resultados de las fases I, II y III no han conllevado alarmas serias sobre su seguridad, el tiempo de observación fue extremadamente corto y la población diana no estuvo definida. Los casos de efectos adversos locales y sistémicos registrados parecen ser dependientes de la dosis y más comunes en participantes de edad por debajo de los 55 años. Estos resultados presumiblemente dependen de la mayor reactogenicidad que acontece en las personas más jóvenes, la cual puede conferir mayor protección contra los antígenos virales pero también predisponer a una mayor carga de efectos secundarios inmunológicos.

La reactogenicidad de las vacunas de ARN mensajero para COVID-19 en individuos que parecen enfermedades mediadas por el sistema inmune y que tienen por tanto una desregulación preexistente de la respuesta inmune no ha sido investigada. Puede establecerse la hipótesis de que fármacos inmunosupresores prescritos a estos pacientes mitiguen o incluso prevengan efectos adversos relacionados con la inmunogenicidad de la vacuna.

Además del mecanismo de mimetismo molecular, las vacunas de ARN mensajero pueden originar una cascada de reacciones inmunológicas que conduzcan ocasionalmente a la activación anormal del sistema inmune innato y adquirido.

Las vacunas de ARN han sido principalmente diseñadas para el cáncer y las enfermedades infecciosas. Esta aproximación terapéutica novedosa se basa en la síntesis de cadenas de ARN que codifican las proteínas antígeno deseadas y explotan la inmunogenicidad intrínseca de los ácidos nucleicos. Para evitar la degradación por las ARNasas, el ARN puede ser encapsulado en nanopartículas o liposomas, que introducen la carga dentro de las células diana, tras un proceso de endocitosis, el ARN mensajero es entonces traducido en las proteínas inmunogénicas por la maquinaria celular de los ribosomas.

Sin embargo, antes de la traducción, el ARN mensajero se puede unir a los receptores de reconocimiento de patrones (RRP) en los endosomas o en el citosol. Los receptores tipo Toll (TLR) TLR7 Y TLR8 son capaces de reconocer moléculas de ARN de doble cadena, o de ARN de simple cadena en endosomas, mientras que el gen I inducible por ácido retinoico (RIG-I) y la proteína 5 asociada a la diferenciación del melanoma (MDA5) pueden detectar filamentos cortos y largos de ARN de doble cadena en el citosol. El resultado final es la activación de varias cascadas proinflamatorias, incluyendo la formación de inflamasomas, la respuesta del interferón de tipo I (IFN) y la translocación del factor de transcripción nuclear (NF-kB).

Es importante el hecho de que la regulación al alza de estas vías proinflamatorias está ampliamente considerada como situada en la base de varias enfermedades mediadas por el sistema inmune, especialmente en sujetos genéticamente predispuestos que tienen una eliminación deficiente de los ácidos nucleicos. Esto puede ser particularmente cierto en mujeres jóvenes, debido a la elevada expresión de genes ligados al cromosoma X relacionados con la respuesta antiviral y por el papel estimulante jugado por los estrógenos en el sistema inmune. El cromosoma X contiene diversos genes implicados en la respuesta inmune, incluyendo el TLR7 y el TLR8, y alrededor del 10% de los microARNs que controlan indirectamente la activación del sistema inmune.

Por tanto, pacientes jóvenes y mujeres que están afectados o predispuestos a los desórdenes autoinflamatorios y autoinmunes (en general, anormalidades serológicas en ausencia de síntomas clínicos, familiaridad con enfermedades del sistema inmune) deben ser cuidadosamente evaluados en cuanto a los riesgos y beneficios de la vacunación para COVID-19.

De acuerdo a los datos epidemiológicos, estas personas pueden desarrollar la infección de forma asintomática o pauci-sintomática, y merece la pena tener en cuenta que, en la línea de Vojdani, la presencia de células autorreactivas y de anticuerpos que causen reactividad cruzada con los epítopos del SARS-CoV-2 pueden incluso ser naturalmente protectores hacia la infección. Hasta que no se pruebe otra cosa, la administración de una vacuna de ácidos nucleicos puede poner a estos individuos en riesgo de efectos secundarios inmunológicos no deseados ya sea sensibilizando los receptores de reconocimiento de patrones (RRP) o generando clones de células o anticuerpos autorreactivos. Es más, la vacuna para COVID-19 puede estimular diferencialmente a las células dendríticas mieloides o plasmacitoides, generando un desequilibrio en la vía de la cadena de citoquinas que juegue un papel esencial en la autoinmunidad y la autoinflamación.

Fuente: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC7833091/

Hasta aquí hemos sido advertidos de algunos posibles riesgos en casos puntuales. Sin embargo, lo realmente importante sería conocer la proporción de casos en que estos graves problemas suceden, y el nivel de gravedad de los mismos (los efectos secundarios leves como un dolor de cabeza o algo de fiebre son normales en las vacunas, no así las miocarditis, las trombosis, las alteraciones del sistema inmune o el síndrome inflamatorio multisistémico, por poner solo algunos ejemplos). Estos datos son difíciles de encontrar, a pesar de que se ha vacunado a muchos millones de personas en todo el mundo. Esto sucede porque aunque un efecto adverso grave o incluso una muerte suceda al poco tiempo de administrar una dosis de la vacuna para Covid-19, no se la relaciona con la vacuna desde un primer momento, lo cual es objetivo por un lado, pero no lo es si se descarta de inmediato el posible vínculo (a mi modo de verlo habría que investigar todos y cada uno de los casos, y asociarlo a la vacuna cuando esto sea la hipótesis más probable). Tenemos sin embargo casos puntuales totalmente comprobados de transtornos graves e incluso de muertes causadas directamente por la vacuna. Aunque los casos puntuales no nos dan un panorama general de la frecuencia con que algo así llega a ocurrir, nos demuestra que sí puede ocurrir y de hecho, sucede.

El despliegue de la vacuna para el SARS-CoV-2 ha sido exitoso en el Reino Unido y en otras partes del mundo. Sin embargo, hay preocupaciones crecientes sobre los efectos adversos. Una mujer de 44 años se presentó en un hospital del Reino Unido con dolor en el antebrazo izquierdo en el sitio de vacunación un par de días después de recibir la vacuna de Pfizer-BioNTech de ARN mensajero. Esto progresó a fiebre, diarrea y dolor abdominal durante los días siguientes. Ella tenía un prurito eritematoso en el pecho con edema subcutáneo. Su proteína C reactiva estaba en 539 mg/litro, el recuento de células blancas en 17×109/L (1,8 – 7,5), la troponina-T estaba en 1013 ng/L y la creatín-kinasa en 572 u/L. Ella desarrolló un embolismo pulmonar no provocado con dolor renal agudo. Tras la administración de metilprednisolona, el edema muscular, el enrojecimiento de la piel y el dolor renal agudo se solucionaron. Aunque el síndrome inflamatorio multisistémico (MIS) está descrito en niños y en adultos siguiendo a la infección por SARS-CoV-2, subrayamos el primer caso de este síndrome causado tras la vacuna para el SARS-CoV-2.

Fuente: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/34326117/

Estamos observando por otra parte cómo los casos de fallecimientos o de diagnósticos por COVID-19 no solo no disminuyen, sino que de hecho aumentan, cuando las vacunaciones ya han sido administradas a un alto porcentaje de la población. Lo hemos visto ya para Israel y para España, aunque está sucediendo en muchos otros países. Esta es por ejemplo la situación en España.

https://www.abc.es/sociedad/abci-muertes-covid-multiplicaron-cuatro-agosto-respecto-mismo-pasado-202109040215_noticia_amp.html

Y en Israel están teniendo últimamente cifras récord de casos y de muertes, a pesar de que la tasa de vacunación es muy elevada. Esto lo atribuyen, así lo admiten, a que las vacunas de Pfizer pierden su eficacia a los 6 meses. Esto es algo que no tiene sentido ni explicación desde el punto de vista de las vacunas. Una vacuna genera una reacción del sistema inmune que produce un pico de anticuerpos, los cuales pueden durar un tiempo pero luego acaban decayendo cuando ya no hay exposición al antígeno o al patógeno. Sin embargo, permanecen las llamadas células memoria, unos linfocitos que están preparados para producir un nuevo pico de anticuerpos con tan solo volver a detectar ese antígeno, al instante. El hecho de que digan que la vacuna pierda su eficacia a los 6 meses no es lo que nos han estado diciendo toda la vida sobre las vacunas. Quizá la explicación sea que, al volver el invierno, vuelven a haber casos de enfermedades respiratorias, neumonías, etc. Pues tanto en 2020 como en 2021 las muertes bajaron mucho en verano por esta causa.

https://www.bbc.com/mundo/noticias-58505034

Pero mi pregunta es, ¿y si se están diagnosticando muertes o situaciones graves de salud que son causadas por la vacuna como casos de Covid-19? Porque de ser así estaríamos ante un tremendo fraude, y ante un ocultamiento hacia la población de unos datos que harían cambian mucho la perspectiva respecto a la seguridad de las vacunas. ¿Cómo saber que todas las consecuencias de la vacuna se están registrando como tal, o si se atribuyen las muertes o las hospitalizaciones a otra cosa por no encontrar en teoría el vínculo? Observamos que sí se reconocen casos de muertes por la vacuna, pero son muy excepcionales los que salen a la luz. ¿Y si hay muchos más y no los están contabilizando, haciéndolos pasar como casos de la variante Delta o como Covid-19 por haber perdido, según dicen, la vacuna parte de su eficacia?

Lo único que podemos saber con certeza es que hay organismos que están contabilizando una parte de los efectos negativos causados por las vacunas, en concreto el VAERS en Estados Unidos y EudraVigilance en los países de la Unión Europea. Si visitamos la web de EudraVigilance, observamos que tiene un catálogo de todos los fármacos y los efectos nocivos en la salud de las personas que los toman, al margen de que sean o no causados directamente por ese fármaco. Uno de ellos son las vacunas para Covid-19, de las cuales tienen datos y gráficos para Moderna, Pfizer, Jannsen y AstraZeneca. Si nos centramos solo en la de Pfizer, vemos que los datos se pueden clasificar según la seriedad de los efectos secundarios, dividiéndose en serios o no serios (entre ellos un poco de fiebre, dolor de cabeza o dolor en la zona del pinchazo, por ejemplo). Esta es la tabla de EudraVigilance para Pfizer:

Eudravigilance Pfizer

Y esta para Moderna:

Eudravigilance Moderna

Fuente: https://dap.ema.europa.eu/analytics/saw.dll?PortalPages

Como podéis observar, estas instituciones han contabilizado 176.521 efectos serios sobre la salud al poco tiempo de administrar la vacuna de Pfizer, y 57.088 efectos serios tras administrar la de Moderna, lo que es casi un cuarto de millón de casos. Por un lado es obvio que no TODOS los efectos serán causados por las vacunas directamente, pero muchos de ellos sí lo son. Y por otro lado, es también obvio que estos datos no tienen en cuenta todas las reacciones que suceden, pues muchas de ellas no son notificadas o no se tiene constancia, o no se asocian a la vacuna a pesar de ocurrir al poco tiempo de administrarla.

¿Cuál es la realidad de los efectos graves y las muertes causadas por las vacunaciones para Covid-19?

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