SOBRE LA PSICOLOGÍA DEL NEGADOR DE CONSPIRACIONES.

Traducido por el equipo de SOTT en español.

FUENTES:

https://es.sott.net/article/77085-Sobre-la-psicologia-del-negador-de-conspiraciones

https://reportingforbeauty.substack.com/p/on-the-psychology-of-the-conspiracy-7ff

¿Por qué la gente, por lo demás perfectamente inteligente, reflexiva y de mente racional, se resiste a la sugerencia de que los sociópatas están conspirando para manipularlos y engañarlos? ¿Y por qué defienden con tanta vehemencia esta posición infundada?

La historia es un extenso catálogo de maquinaciones de mentirosos, de ladrones, matones y narcisistas y sus efectos devastadores. También en los tiempos modernos abundan las pruebas de corrupción y los engaños más extraordinarios.

Sabemos, sin lugar a dudas, que los políticos mienten y ocultan sus conexiones y que las empresas muestran habitualmente un desprecio absoluto por las normas morales, que la corrupción nos rodea.

Sabemos que las puertas giratorias entre las esferas empresarial y política, los lobbying system (personas o grupos cuyo negocio es tratar de influir en la legislación, la reglamentación u otras decisiones gubernamentales,etc.), los reguladores corruptos, los medios de comunicación y el poder judicial hacen que las infracciones prácticamente nunca leguen a una mínima expresión de verdadera justicia.

Sabemos que la prensa hace ruido sobre estos asuntos de vez en cuando, pero nunca los persigue con verdadero vigor.

Sabemos que en los servicios de inteligencia y en las fuerzas del orden es habitual que se cometan fechorías a una escala impresionante y que, de nuevo, nunca se hace justicia.

Sabemos que los gobiernos ignoran o pisotean repetidamente los derechos del pueblo, y abusan y maltratan activamente al pueblo. Nada de esto es controvertido.

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Entonces, ¿qué es exactamente lo que los negadores de la conspiración se niegan a reconocer con tanto fervor, rectitud y condescendencia? ¿Por qué, en contra de todas las evidencias, defienden con sarcasmo y desprecio la desmoronada ilusión de que «los grandes y buenos» están ahí arriba, en alguna parte, lo tienen todo controlado, sólo tienen en cuenta nuestros mejores intereses, y son escrupulosos, sabios y sinceros? ¿Que la prensa está al servicio del pueblo y de la verdad, y no de los sinvergüenzas? ¿Que la injusticia tras la injusticia es resultado de errores y descuidos, y nunca de esa temible palabra: conspiración?

¿Qué persona razonable seguiría habitando un mundo tan fantástico?

El punto de desacuerdo aquí es sólo en la cuestión de la escala. Alguien que sienta verdadera curiosidad por los planes de los sociópatas poderosos no limitará el alcance de su curiosidad a, por ejemplo, una corporación o una nación. ¿Por qué lo haría? Esa persona asume que los mismos patrones que se muestran a nivel local probablemente se encuentren en toda la cadena alimentaria del poder. Pero el negador de la conspiración insiste en que esto es absurdo.

¿Por qué?

Es dolorosamente obvio que las estructuras sociales y legales piramidales que la humanidad ha permitido desarrollar sean exactamente el tipo de jerarquías de dominación que sin duda favorecen al sociópata. Un ser humano que opere con una mentalidad cooperativa normal y saludable tiene poca inclinación a participar en el combate necesario para escalar una escalera corporativa o política.

Entonces, ¿qué imaginan los negacionistas de la conspiración que hacen todo el día los 70 millones o más de sociópatas que hay en el mundo, nacidos dentro de un «juego», en el que toda la riqueza y el poder están en la cima de la pirámide, mientras que los atributos más eficaces para «ganar» son la crueldad y la amoralidad? ¿Ellos nunca han jugado al Monopoly?

Los sociópatas no eligen su visión del mundo conscientemente, y simplemente son incapaces de comprender por qué la gente normal se pondría en una desventaja tan increíble al limitarse con la conciencia y la empatía, que están tan fuera de la comprensión del sociópata como lo está un mundo sin ellas para el ser humano.

Todo lo que necesitan los sociópatas para ganar en el juego es mentir públicamente mientras conspiran en privado. ¿Qué puede ser más sencillo? En 2021, seguir imaginando que el mundo que habitamos no se rige en gran medida por esta dinámica equivale a una ingenuidad temeraria que roza la locura. ¿Dónde se origina un impulso tan inadvertidamente destructivo?

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El bebé deposita una confianza innata en las personas con las que se encuentra, una confianza que, en su mayor parte, está esencialmente justificada. El niño no podría sobrevivir de otro modo.

En una sociedad sana y saludable, este profundo instinto evolucionaría a medida que la psique se desarrollara. Conforme la autoconciencia, las capacidades cognitivas y de razonamiento y el escepticismo evolucionasen en el individuo, este impulso innato de confianza seguiría entendiéndose como una necesidad central de la psique. Existirían sistemas de creencias compartidos para evolucionar y desarrollar conscientemente este impulso infantil con el fin de colocar esta fe en algún lugar de forma consciente: en valores y creencias de significado y valor duraderos para la sociedad, el individuo o, idealmente, ambos.

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La reverencia y el respeto a la tradición, las fuerzas naturales, los ancestros, la razón, la verdad, la belleza, la libertad, al valor innato de la vida o al espíritu iniciador de todas las cosas, podrían considerarse lugares de descanso válidos en los que depositar conscientemente nuestra confianza y nuestra fe, al igual que los derivados de sistemas de creencias más formalizados.

Independientemente del camino que se tome para evolucionar y desarrollar una fe personal, lo relevante aquí es llevar la propia conciencia y cognición a este impulso innato. Creo que se trata de una profunda responsabilidad -desarrollar y cultivar una fe madura- de la que muchos, comprensiblemente, no son conscientes.

¿Qué ocurre cuando hay una necesidad infantil en nuestro interior que nunca ha evolucionado más allá de su función original de supervivencia de confiar en aquellos de nuestro entorno que son, simplemente, los más poderosos; los más presentes y activos? ¿Cuando nunca hemos explorado de verdad nuestra propia psique y nos hemos interrogado profundamente sobre lo que realmente creemos y por qué? ¿Cuando nuestra motivación para confiar en algo o en alguien no se cuestiona? ¿Cuando la filosofía se deja en manos de los filósofos?

Sugiero que la respuesta es sencilla, y que la evidencia de este fenómeno y de los estragos que está causando está a nuestro alrededor: el impulso innato de confiar en la madre nunca evoluciona, no se encuentra nunca y se compromete con su contrapeso de la razón (o la fe madura), y permanece siempre en su configuración infantil «por defecto».

Aunque la psique inmadura ya no depende de los padres para su bienestar, el poderoso y motivador principio básico que he descrito sigue intacto: sin cuestionar, sin considerar y sin desarrollar. Y, en un mundo en el que la estabilidad y la seguridad son recuerdos lejanos, estos instintos de supervivencia, en lugar de estar bien afinados, considerados, relevantes, con criterio y actualizados, siguen siendo, literalmente, los de un bebé. La confianza se deposita en la fuerza más grande, más ruidosa, más presente e innegable que existe, porque el instinto decreta que la supervivencia depende de ella.

Y, en esta gran «guardería mundial», la fuerza más omnipresente es la red de instituciones que proyectan sistemáticamente una imagen inmerecida de poder, calma, experiencia, preocupación y estabilidad.

En mi opinión, así es como los negacionistas de la conspiración son capaces de aferrarse y defender agresivamente la fantasía totalmente ilógica de que de alguna manera -por encima de cierto nivel indefinido de la jerarquía social- la corrupción, el engaño, la malevolencia y el narcisismo se evaporan misteriosamente. Que, en contra de la máxima, cuanto más poder tenga una persona, más integridad exhibirá inevitablemente. Estas pobres almas ilusas creen esencialmente que allí donde la experiencia personal y los conocimientos previos no pueden llenar los vacíos de su visión del mundo -en resumen, donde hay una puerta enrejada-, mamá y papá están detrás de ella, resolviendo la mejor manera de garantizar que su pequeño y precioso esté cómodo, feliz y seguro para siempre.

Este es el núcleo, la ilusión reconfortante en la raíz de la mentalidad de los negadores de la conspiración, la decrépita base sobre la que construyen un imponente castillo de justificación desde el que se burlan pomposamente de los que ven lo contrario.

Esto explica por qué el negacionista de la conspiración atacará cualquier sugerencia de que el arquetipo cuidador ya no está presente – que los sociópatas están detrás de la puerta enrejada, que nos tienen a todos en total desprecio o nos ignoran por completo. El negacionista de la conspiración atacará cualquier sugerencia de este tipo con tanta saña como si su supervivencia dependiera de ello, lo cual, en cierto modo, dentro de la composición de su psique inconsciente y precaria, es así.

Su sentido de bienestar, de seguridad, de comodidad, incluso de un futuro cualquiera, está completamente (y completamente inconscientemente) invertido en esta fantasía. El niño nunca ha madurado y, como no es consciente de ello, más que como un profundo apego a su seguridad personal, atacará ferozmente cualquier amenaza a este aspecto inconsciente y central de su visión del mundo.

El estribillo tediosamente común de los negadores de la conspiración es: «no puede haber una conspiración así de grande».

La simple réplica a un autoproclamado experto en conspiraciones es obvia: ¿cómo de grande?

Las mayores corporaciones «médicas» del mundo pueden pasar décadas tratando la resolución de casos judiciales como meros gastos comerciales, por delitos que van desde la supresión de eventos de pruebas adversas hasta múltiples asesinatos resultantes de pruebas no declaradas, pasando por colosales delitos medioambientales.

Los gobiernos realizan los más viles e impensables «experimentos» (crímenes) con su propio pueblo sin consecuencias.

Los políticos nos mienten habitualmente a la cara, sin consecuencias.

Y así sucesivamente. ¿En qué momento, exactamente, una conspiración se convierte en algo tan grande que «ellos» no pueden salirse con la suya, y por qué? Sugiero que es en este punto en el que la capacidad cognitiva del negador de la conspiración flaquea, y su instinto inconsciente de supervivencia entra en acción. El punto en el que el intelecto se ve abrumado por el alcance de los acontecimientos y el instinto es volver a instalarse en la familiar y reconfortante fe conocida y cultivada desde el primer momento en que los labios de uno encontraron el pezón. La fe en que otro se ocupa de ello, en que allí donde el mundo se vuelve desconocido para nosotros, existe una autoridad humana poderosa y benévola en la que sólo tenemos que depositar nuestra fe incondicionalmente para garantizar la seguridad emocional eterna.

Esta peligrosa falsa ilusión puede ser el factor central que ponga la seguridad física y el futuro de la humanidad en manos de los sociópatas.

A todos los que tienen la costumbre de tachar a las personas que cuestionan, investigan y son escépticas como personas que llevan el sombrero de papel de aluminio, paranoicos y partidarios de Trump que niegan la ciencia, la pregunta es: ¿en qué crees tú? ¿Dónde has puesto tu fe y por qué? ¿Cómo es que mientras nadie confía en los gobiernos, ustedes parecen confiar en las incipientes organizaciones de Gobernanza mundial sin cuestionarlas? ¿Cómo es esto racional?

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Si confía en estas organizaciones, considere que en la era global moderna, estas organizaciones, por muy bien presentadas que estén, son simplemente manifestaciones más grandes de las versiones locales en las que sabemos que no podemos confiar. No son nuestros padres y no demuestran ninguna lealtad a los valores humanos. No hay ninguna razón para confiar en ninguna de ellas.

Si no has desarrollado conscientemente una fe o te has cuestionado por qué crees como lo haces con cierta profundidad, esta postura puede parecer misántropa, pero en realidad, es todo lo contrario. Estas organizaciones se han ganado tu confianza con nada más que dinero de relaciones públicas y mentiras brillantes. El verdadero poder sigue estando, como siempre, en el pueblo.

Hay una razón por la que los budistas recomiendan encarecidamente depositar la fe en el Dharma, o la ley natural de la vida, en lugar de en las personas, y por la que es común en otros sistemas de creencias la adopción de medidas similares.

El poder corrompe. Y, en el mundo actual, la confianza errónea e infundada bien podría ser una de las mayores fuentes de poder que existen.

Existen conspiraciones criminales masivas. Las pruebas son abrumadoras. Se desconoce el alcance de las que están actualmente en marcha, pero no hay razón para imaginar, en la nueva era global, que la búsqueda sociopática del poder o la posesión de los recursos necesarios para avanzar hacia él esté disminuyendo. Desde luego, no mientras los guardianes, los «idiotas útiles» y los negacionistas de las conspiraciones se burlen de la disidencia y la censuren hasta hacerla callar, ya que, de hecho, ellos están en connivencia directa con la agenda sociopática a través de su implacable ataque a los que quieren arrojar luz sobre las fechorías.

Es responsabilidad urgente de todo ser humano desenmascarar las agendas sociopáticas dondequiera que existan, y nunca para atacar a los que buscan hacerlo.

Ahora, más que nunca, es el momento de dejar de lado las chiquilladas y los impulsos infantiles, y levantarnos como adultos para proteger el futuro de los niños actuales que no tienen más remedio que confiarnos sus vidas.

Este ensayo se ha centrado en lo que yo considero el motor psicológico más profundo de la negación de la conspiración.

Sin duda hay otros, como el deseo de ser aceptado; la evasión del conocimiento y el compromiso con la sombra interna y externa; la conservación de una imagen positiva y justa de sí mismo: una versión generalizada del fenómeno del «mono volador», en el que una clase interesada y viciosa se protege a sí misma agrupándose en torno al acosador; la sutil adopción inconsciente de la visión sociopática del mundo (por ejemplo, «la humanidad es un virus»); la adicción a la indignación/complejo de superioridad/juegos de estatus; un intelecto atrofiado o poco ambicioso que encuentra validación a través del mantenimiento del statu quo; el mecanismo disociativo de protección que consiste en imaginar que los crímenes y horrores cometidos repetidamente durante nuestra vida no están ocurriendo ahora, no están «aquí»; y la pereza y la cobardía a la antigua.

Mi sugerencia es que, en cierta medida, todos ellos se basan en la base de la causa principal que he esbozado aquí.

2 comentarios sobre “SOBRE LA PSICOLOGÍA DEL NEGADOR DE CONSPIRACIONES.

  1. «Sugiero que la respuesta es sencilla, y que la evidencia de este fenómeno y de los estragos que está causando está a nuestro alrededor: el impulso innato de confiar en la madre nunca evoluciona, no se encuentra nunca y se compromete con su contrapeso de la razón (o la fe madura), y permanece siempre en su configuración infantil “por defecto”

    Tener una madre en quien poder confiar es un privilegio enorme , el más importante , que hubiese hecho nuestra vida totalmente diferente a quienes no tuvimos algo así. Es curioso como existen personas que han carecido de lo que deberían haber sido sus derechos más básicos. .

    «Todo lo que necesitan los sociópatas para ganar en el juego es mentir públicamente mientras conspiran en privado»

    Esto es algo tan típico, no entiendo como puede haber personas incapaces de darse cuenta , pero como suele decirse no hay mayor ciego que el que no quiere ver .

    Me gusta

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