¿QUÉ ES LO QUE NOS HACE ESTAR VIVOS REALMENTE?

Hola a todos. Quiero hablar hoy de un tema que la vida, siempre dura y difícil en un sentido u otro, la civilización moderna en la que vivimos y la falta de ayuda que nos prestamos por tener que salir a flote nosotros mismos, nos hace ignorar u olvidar con frecuencia. Muchas son las personas que hoy en día se sienten mal, tristes o deprimidas, o aguantan situaciones de rabia de las que quisieran salir pero no se ven con fuerzas, o están simplemente desmotivadas. Ningún alimento ni bebida les llena realmente, y su ánimo vital gotea hacia un sumidero sin fondo constantemente. La vida pasa a verse gris, monótona, perdiendo todo su sentido disfrutar, salir adelante o intentar hacer cosas nuevas. Profundos sentimientos de dolor, angustia, tristeza, miedo o ansiedad se apoderan de la existencia y queman, a veces, más que el fuego. Los días se vuelven todos iguales, no ofrecen en apariencia ninguna oportunidad. La salida ni siquiera se vislumbra, ni se desea.

Todos podemos pasar por estas situaciones a lo largo de nuestra vida. Sin embargo, existe un factor común que se da en todos estos casos: dejamos de creer en nosotros mismos. Los candados que mantienen a tanta gente en una prisión emocional, son siempre del mismo tipo: argumentos que juegan en nuestra contra, que se justifican de formas muy complejas. Ponemos todo nuestra capacidad de usar la lógica o el raciocinio al servicio de esos argumentos perjudiciales. Llegamos a creer que no somos valiosos, que no podemos superar límites, que nos merecemos el mal que nos acontece… Todo ello, es lo que nos mantiene así. Y mucho de lo que razonamos es cierto: puede haber cosas en el pasado que nos hayan afectado muy dolorosamente, el mundo es arriesgado (nos exponemos a más dolor), la vida es muy difícil muchas veces. Sin embargo, lo que no es cierto en ningún caso es que no somos valiosos o que no merecemos vivir plenamente. Esto es lo que nos hace realmente hundirnos. Incluso en la peor de las situaciones, tener una gran autoconfianza es útil o incluso nos puede llegar a salvar la vida. Pero esta confianza en uno, debe mantenerse aun en contra de todos los sufrimientos, creencias erróneas o dificultades de la existencia. Cuanto más fuerte o dura sea la situación, más debemos creer, con más razón. La fe en nosotros mismos es mucho más vital que en cualquier religión, concepto o idea externa.

La Naturaleza nos muestra un ejemplo que es equivalente a lo que nos sucede a nosotros. Cuando tenemos un grave problema, somos como un árbol caído recientemente al suelo. En esta situación pueden pasar dos cosas. La primera, es que el árbol tenga aún la suficiente fuerza como para echar ligeras raicillas al suelo con las que alimentarse, y que salgan pequeños brotes nuevos del mismo en la primavera, intentando ese tronco, devuelto a la vida debido a un titánico esfuerzo que solo él podría haber realizado, reforzar su inmensamente debilitado sistema inmunológico.

Un ser humano que, a pesar de estar en el más profundo abismo imaginable, sigue creyendo en si mismo, se niega a ser vencido, y no le da nunca la razón a los argumentos que su propia mente inventa para mantenerle en la miseria espiritual, conseguirá rebrotar e incluso extenderse y dar lugar a nuevos árboles con el tiempo, poblando el bosque con su verdor, su belleza, y dando al planeta entero un ejemplo de sabiduría. En cambio, un ser humano que se dedique a boicotearse estando mal, que se deje llevar por el miedo a lo que pueda suceder o que de aunque solo sea un instante la más mínima credibilidad a ideas sobre si mismo incapacitantes o negativas, entonces será como un árbol que no consigue sobrevivir, se llenará de ambiciosos hongos y larvas que lo carcomerán por dentro, y cada día le será todavía más difícil resurgir.

Sin embargo, nosotros podemos llegar a estar invadidos por miles de larvas mentales (pensamientos que nos generan angustia) o de hongos que nos vayan degradando poco a poco (como las emociones de tristeza, dolor o miedo) y aún así luchar contra todo ello. Incluso en el peor de los casos, aun cuando hubieran pasado 10, 20 o 50 años en ese tipo de estados anímicos, podríamos decidirnos valientemente a vivir, sabiendo que eso es algo que no se lograría en un día, sino quizás, en largos períodos de tiempo, en los que no notaríamos ni siquiera una ligera mejoría al principio. Solo bastaría con creer en nosotros mismos todo el tiempo, sin vacilar en esto, de forma férrea y absoluta, como un dogma. Y ocurrirá entonces que el dogma se irá haciendo ver en la realidad, pasando a ser una verdad comprobable. Y cada acto de nuestra valía que comprobemos, cada decisión valiente que tomemos, nos irá devolviendo la salud. Y quizá al cabo de mucho esfuerzo y tiempo, notemos el primer brote de nuestra ennegrecida madera, la primera sensación del cálido sol o del fresco viento como algo agradable y que merece la pena. Y entonces, sabremos valorar todo lo bueno que hay en esta existencia mucho más que la inmensa mayoría de la gente, porque lo habíamos perdido y sabemos lo que es estar sin ello.

LA TIRANÍA DE LA AMABILIDAD OBLIGATORIA.

Buenas, hoy me ha pasado algo que me ha dejado helado por dentro, y pensativo a la vez. Resulta que iba en bici por la calle, por una acera (yo siempre voy con mucho cuidado por la gente) y me tuve que parar debido a que me encontré que una madre vestida como musulmana, un hombre y un niño pequeño bloqueaban el paso. Frené para no pasar cerca del niño por si acaso este no me veía. El padre de repente me pide perdón y yo le digo que no pasa nada. La madre coge entonces al niño como si hubiera hecho algo malo, de mala manera, llevando hacia abajo su cabeza, y luego le coge en brazos. Yo insisto al hombre: tranquilos que no pasa nada, no hay problema… Y lo peor no fue la exagerada reacción de la madre, sino lo que a continuación me dijo el hombre: es normal, si él (el niño) va por la carretera. ¿A qué se debe esto? Estaba ocurriendo en una acera, y si alguien estaba yendo por un lugar que no tocaba ir era yo. Mi pregunta es ¿estamos llegando a un punto, la población en conjunto, en el que nuestra actitud dócil o nuestro miedo nos llevan a negar la propia realidad?

Son varias las posibilidades para explicar una conducta así, que por cierto, está completamente al orden del día allí donde vayamos en todo tipo de circunstancias. Somos dóciles, excesivamente complacientes. Se respira en el entorno una amabilidad falsa, motivada solamente por el miedo a quedar mal, a ser rechazado, al conflicto con el otro, a la discrepancia. La misma amabilidad que podemos ver en las cajeras de un supermercado, en un comercial inmobiliario, o en las grabaciones de las compañías telefónicas. Fuera de esto, parece que veamos en los demás solo amenazas, que no sintamos otra cosa que desconfianza, y eso hasta el punto en el que cualquier interacción que sobrepase un umbral mínimo o establecido por la rutina, eleva los niveles de adrenalina y causa pánico.

Me parece que viene bien recordar unas frases de Etienne de la Boetie, autor de un libro que me quiero leer dentro de poco llamado ‘La Servidumbre Voluntaria’.

La primera dice: Siempre ha pasado que los tiranos, para fortalecer su poder, han empleado todo su esfuerzo en entrenar al pueblo no solo en la obediencia y el servilismo hacia ellos, sino también en adoración’.

Y la segunda: La libertad es la condición natural del pueblo. La servidumbre, sin embargo, se promueve cuando el pueblo es criado en la sumisión. La gente está entrenada para adorar a los dirigentes. Mientras la libertad está olvidada por muchos, siempre hay algunos que nunca se someten’.

Pero esto no es solo un fenómeno que se produzca hacia los gobernantes políticos ni personas de alta jerarquía. No se trata de un asunto político, sino psicológico. Ocurre cada día en las interacciones que se dan entre las personas en la calle, en las tiendas, entre los vecinos de un edificio, en los puestos de trabajo… Incluso con nuestros amigos podríamos estar siendo dóciles sin darnos cuenta, solo para mantener así su amistad. ¿Os han pasado situaciones parecidas?

La docilidad, la conducta pasiva, la amabilidad forzosa y obligada que mantenemos día tras día, acaba explotando en gestos o actitudes hostiles y agresivas. Tampoco es difícil encontrarse gente que a la mínima te manda a la mierda o te insulta, o gente que critica exageradamente a los demás, incluso sin conocerles, o personas que buscan bronca y conflicto. Ayer mismo vi como un chaval joven le daba una patada a un cristal de una famosa hamburguesería (no quiero hacer propaganda) y lo rompía en pedazos, para a continuación marcharse como si nada hubiera pasado. Nadie reaccionó a eso, se siguieron repartiendo hamburguesas y patatas. ¿Vivimos en una sociedad donde todo debe parecer bonito, agradable, hecho por nuestro bien, a toda costa? ¿No será este el dogma más incuestionable de nuestro tiempo, ante el que permanece ciega más proporción de gente? Por qué tanta depresión… ¿no será en parte por atribuirnos todo lo malo a nosotros mismos, por tener que aparentar que todo está bien cuando no es cierto?

Así parece la sociedad en la que vivimos. Habrá amabilidad mientras nada sea alterado en el orden establecido. Si ocurre cualquier alteración, será severamente castigada, y problema resuelto. El descontento, el malestar, la disconformidad, se tapan y ocultan como la mayor abominación que haya nunca existido. He aquí la imagen permanente de uno de los más grandes tiranos de nuestra época:

LAS PLAGAS INDICAN LA CAÍDA DE LA CIVILIZACIÓN.

Antes que nada aprovecho para felicitaros a todos este 2019, deseo que sea para todos vosotros un avance. Eso es al fin y al cabo responsabilidad de cada uno de nosotros, pues solo dependemos de nosotros mismos. No somos esclavos de las circunstancias como muchísima gente piensa. Aunque siempre va a estar ahí el azar, todos tenemos la capacidad de cambiar nuestros actos y decisiones, lo cual nos llevará hacia una u otra dirección. Las circunstancias que viviremos serán completamente diferentes según lo que ahora hagamos. Y eso hace de esta vida un viaje interesantísimo. Sinceramente, si el mundo parece oscuro, malvado, desesperante, eso es algo que prefiero dejar atrás, una etapa de la vida que es necesario pasar pero que pasa como la página de un libro hacia otras visiones de la realidad más útiles. ¡Tan útil como pasar de la queja a la acción, de la impotencia al esfuerzo, de la indolencia a la imaginación! El vivir oprimidos, esclavizados o bloqueados se deja atrás como un lastre, y se pasa a vivir una vida llena de opciones, posibilidades y nuevos aprendizajes cada día. Se coge al fin el timón, y el riesgo que implica manejarlo.

Y bueno aparte de animaros a participar más en el blog este año (lo mismo haré yo, que tenía esto muy abandonado) quiero empezar hablando sobre las plagas, ya que es el mundo en el que me estoy metiendo. La lucha contra las plagas es uno de los ejemplos más claros de los últimos esfuerzos de esta civilización por mantenerse a flote. En cuanto ese esfuerzo tan enorme e ingenioso que se emplea cese, las plagas se multiplicarán a unos niveles que serán incontenibles, las enfermedades aumentarán de forma dramática, y será inviable seguir viviendo en las grandes ciudades. Solo como una muestra de esto, os pongo un video que he grabado en un parque que hay en mi barrio. Es un parque muy bonito, pero que nadie poda ni limpia a fondo. Las plantas invasoras (en concreto la acacia negra o australiana, Acacia mearnsii) están invadiendo todo el territorio, quitando todo el espacio a las autóctonas, como chopos negros, cipreses, romero o lavanda que hay allí plantados también. Los chopos van cayendo y muriendo poco a poco por falta de espacio para que sus raíces crezcan, la competencia con la invasora, y falta de nutrientes. Hace unas semanas dos chopos cayeron al suelo. Ayer me fijé en que uno tenía marcas de xilófagos (insectos comedores de madera). Al retirar la corteza me encontré esto:

Estas termitas son una recuperación del ciclo natural. Como este parque lleva evolucionando por si mismo varios años, es todo un ejemplo de lo que sucedería si se abandonara el mantenimiento de las ciudades. Puede que cuidar un jardín parezca sencillo, sin embargo, el agua que se requiere para regarlo proviene normalmente de muchos kilómetros más allá: necesita ser transportada a través de grandes conductos, y luego ser recogida por el sistema de alcantarillado, depurada para reutilizarse, etc. Siempre va a haber agua, porque el ciclo del agua no se puede detener, pero el hecho de disponer de ella en cualquier sitio en cualquier momento no es algo nada fácil, el gasto de energía y recursos es inmenso. Lo mismo pasa con la electricidad que se emplea para alumbrar o para que funcione el sistema de riego por goteo que tiene este parque del que os hablo. Debe generarse en alguna central, ser transportada, cambiado el voltaje a baja tensión, etc. Mantener todo nuestro estilo de vida es algo que, visto a escala global, es inviable a largo plazo, pero no se puede saber con exactitud cuándo empezará a fallar a un nivel que sea perceptible para nosotros (quizá en otros puntos del planeta ya lo están notando).

Por ejemplo, la acumulación de basuras y desperdicios es otra dificultad que afronta esta civilización. Y una vez más las plagas vuelven a cobrar protagonismo cuando este problema se vuelve insostenible. En China están criando enormes cantidades de cucarachas para poder deshacerse rápidamente de todos los residuos orgánicos que generan. Incluso las cucarachas pasan a ser alimento para el ganado y a estar en productos para la piel o cremas, con tal de darles uso y no perder beneficios económicos. Hasta ese punto se ha llegado en China por ahora. A pesar de todo, puede decirse que es algo muy inteligente por parte de los chinos a la hora de mantener la civilización en la que viven: realizan de forma controlada y regulada lo que sería inevitable de forma caótica y descontrolada. Reproducen en una fábrica lo que se produce en los vertederos cada día en todo el mundo. Lo podéis ver en el video aquí abajo:

Pero sin lugar a dudas el mayor problema de residuos en el mundo lo genera el plástico. De hecho os invito a que leáis todos los artículos en los que hemos tratado este tema en el blog, porque siempre viene bien tenerlo presente.

LA GENTE SABIA.

La gente sabia es la que ayuda sólo a quien se quiere dejar ayudar.
La que ayuda porque previamente ha tenido el valor de indagar en si misma, observándose por dentro, trabajándose interiormente a nivel emocional.

La que ha experimentado la vida más allá de lo ordinario.
La que ayuda por mera humanidad poniendo su granito de arena, no pretendiendo abarcárlo todo utópicamente para sentirse salvadora e importante.

Las personas sabias se permiten ser pulsionales, pero también actúan con criterio propio.
Saben pensar por si mismas sin necesidad de aferrarse ni a dogmas ni a ideologías.
Las que saben que nada es totalmente blanco ni totalmente negro.
Las que saben que la vida es una multiplicidad de matices porque reconocen sus propias contradicciones.
Las que saben reírse de si mismas, incluyendo todo lo considerado más vergonzoso.
Las que asumen con naturalidad que no son perfectas.

Las que no se dejan llevar por una mente agotadora y obsesiva que puentea entre el pasado y el futuro, sintiéndo su cuerpo, sus emociones, viviendo su propia experiencia en el instante presente.

Las que saben que no lo saben todo.

Las que saben que no existe la verdad absoluta.

Las que no juzgan aquello que no comprenden.

Las que se centran en soluciones y no en problemas.
Las que se enfocan en discrepar en los argumentos de las otras personas, y no atacando a las propias personas.
Las que no se lo toman todo como algo personal.
Las que muestran su vulnerabilidad a pesar de las consecuencias, descubriéndo al exponerla que es en la vulnerabilidad donde reside nuestro verdadero poder.
Las que no intentan convencer ni imponerle nada a nadie, tan solo expresarse.
Las que no tratan de dar ejemplo, las que son ejemplo.
Las que observan, escuchan y analizan más allá de sus narices y de su ego dañado.
Las que saben relativizar las cosas al gestionar la incertidumbre.
Las personas sabias se permiten ser ellas mismas desde la autenticidad para permitir ser a los demás.

Enviado por: Amaya Rivas Aboitiz.

Pallas_Athene

Palas Atenea, diosa de la sabiduría.

¿QUÉ ES REALMENTE LA FILOSOFÍA?

Me gustaría compartir con vosotros una reflexión acerca de qué es la filosofía y qué ha pasado con ella. A mi entender, los primeros que pensaron en esa palabra, pensaban más en una inquietud emocional o un deseo personal que en un conjunto establecido de conocimientos o dogmas. Filosofía proviene del griego φυλο (amistad o afinidad) y σοφια (sabiduría) lo cual quiere decir, un placer que se siente por el conocimiento ya sea al adquirirlo o al compartirlo con otros. En realidad si disfrutas haciéndote preguntas y profundizando en temas interesantes, y eso mueve tu vida y te motiva a diario, puedes considerarte un filósofo. Como tal, te gustará sin duda escapar de la rutina y de la simplicidad. A pesar de ello, de las cosas más simples puedes sacar cientos de reflexiones. Realmente, cuando miramos a nuestro alrededor, vemos que la realidad es psicodélica: miles de sensaciones y percepciones llegan a nuestros sentidos al mismo tiempo, y es admirable observarlos todos al mismo tiempo, con la mente en calma, sin esos problemas que tan a menudo nos agobian y nos ciegan, y de los que miserablemente dependemos la mayor parte del tiempo, obviando la innumerable cantidad de cosas que la vida en si misma nos ofrece a cada instante. De manera sincrónica podemos estar oyendo el trinar de unos pájaros y el roce de las hojas y ramas de las plantas, observando un camino, las olas del mar o los barcos y grúas de un puerto, viendo la salida anaranjada del sol a lo lejos, y observando unas flores a punto de dar semillas. Todo esto puede sugerirnos tantas cuestiones en las que ahondar: la belleza de la naturaleza, el ciclo de muerte y regeneración al que todo parece estar sometido, las nuevas oportunidades que ofrece cada día, el destino o meta que todos necesitamos en la vida.

A pesar de todo esto, la filosofía ha sido convertida en una doctrina académica, y va vinculada estrechamente a la lectura. El oficio de un filósofo no parece ser pensar, sino escribir y leer mucho. Consiste también, en cuanto a lo que se lee en muchos de los filósofos más consagrados, en una persecución de la razón a toda costa. Por esto mismo, los filósofos han intentado escindir la compleja y hermosa realidad, separándola en partes y compartimentos estancos. Un ejemplo sería Descartes, el cual dividió las cosas en materia extensa (mundo físico, con volumen) y materia inextensa (mundo mental o espiritual, sin volumen). También están los que dicen que el conocimiento proviene de la experiencia (empiristas) y los que afirman que proviene de las ideas y conceptos abstractos (racionalistas). Cada filósofo se inclina por uno u otro bando como si se tratase de una competición. Ninguno de ellos llega a la verdad que tanto buscan, porque la realidad es que todo ello está conectado, todo ello forma parte de este mundo. Lo mental tiene que ver con lo físico, y la experiencia con los conceptos abstractos, de una manera tal que no se puede desvincular una cosa de la otra. He ahí que la filosofía se ha vuelto esquizofrénica, tanto más cuanto mayor ha sido el esfuerzo por clasificar (es decir, trocear en partes) la realidad y luego tratar de reunir los pedazos y rellenar los huecos vacíos.

¿CÓMO COGER LAS RIENDAS DE NUESTRA MENTE?

Nuestro cerebro tiene una actividad altísima y constante, aún por la noche no deja de funcionar y soñamos con situaciones que simbolizan estados internos de nuestra alma, problemas que rondan nuestra mente a lo largo del día y que nos preocupan. Pero no es un órgano que nos hayan enseñado nunca a controlar, no es este la verdad un conocimiento muy difundido en la población, pese a la plétora de libros que existen sobre autoayuda o meditación. Por ello, nuestras mentes están normalmente yendo de un lado para otro, entre nubes de conceptos, imágenes, recuerdos y alucionaciones que nos entorpecen, y que son una verdadera carga que llevamos sobre nuestros cuellos. Salvo que usted haya ejercido un poderoso y eficaz direccionamiento de su actividad psíquica, esta derivará por vías absurdas e inútiles. Y todo esto le alejará del lugar donde podría estar, porque le estará previniendo de funcionar a su máximo potencial a todos los niveles: desde la coordinación corporal o la percepción del entorno hasta la comunicación con los demás.

La mente es de hecho, ubicada en el encéfalo, nuestro más importante órgano, y del que más deberíamos ocuparnos. A nuestro hígado no le preocupa nada más que el hecho de que nos alimentemos bien, que no bebamos alcohol, basta con eso, pues él hace sus funciones por si solo. ¿Quién regula su mente, se lo ha preguntado? Parece que es lo único en nuestro cuerpo que debemos gestionar y regular nosotros mismos.

Le invito primero a preocuparse de ello, a darse cuenta de lo importante que es para usted. A continuación le animo a hacer todo lo posible para lograrlo. Pare y observe un momento sus propios pensamientos. Con toda probabilidad, tiene la mente llena de auténtica basura, proveniente de mil fuentes diferentes. En una sociedad como la actual, tan baja a nivel espiritual, es casi estroboscópico el bombardeo de distracciones. Toneladas de datos y señales impactan en nuestros oídos y retinas, en tanta cantidad que apenas podemos filtrarlos: no nos da tiempo. Y todo ello es intencionado.

Hay una serie de cosas que nos acercan al autodominio de nuestra mente, y con ello, a una vida más elevada, más plena, a una manifestación más auténtica de nosotros mismos en el mundo. Ante todo, debemos permanecer concentrados en lo que estamos haciendo en este momento, y hacerlo con plenitud. Serán muchos los miedos, los razonamientos que intenten perturbarnos o intimidarnos a la hora de llevar a cabo con éxito, valentía y altura lo que nos proponemos. Muchas serán también las cargas mentales que nos confundan por el solo hecho de estar ahí, como un enjambre de mosquitos que nos bloqueen la visión de nuestro alrededor. También debemos mantener una atención plena de nuestro entorno, de lo que hacemos, de la posición de nuestro cuerpo, sin perdernos nada en ningún momento.

Debemos escuchar nuestro interior, para conocernos a nosotros mismos. ¿Qué queremos realmente en nuestra vida, cuál es el propósito que más sentido nos puede aportar? ¿Qué es lo que nos llena y hace sentir bien, independientemente de lo que digan otros, ya sean nuestros familiares, amigos o conocidos? ¿Qué es lo que nos elimina la pena y el dolor, que no sean sustancias químicas o drogas?

Finalmente, debemos ser capaces de guiar nuestra vida hacia lo más alto, sin perder el tiempo. Lo más alto no es, por supuesto, el tener un puesto alto en una jerarquía burocrática o social de ninguna clase, sino el ser capaces de convertir nuestra existencia terrena en un proyecto cuyo fundamento sea a la vez lo que nos hace realmente sentir más vivos, más plenos, más fuertes, menos aburridos, menos deprimidos, menos nerviosos.

SOBERANÍA Y RELACIONES DE AYUDA MUTUA.

Vivimos en un mundo difícil, expresamente diseñado para mantenernos en una situación de invalidez, infantilismo y parálisis. El objetivo de ello es que esta civilización moderna pueda mantenerse sin problemas. Todo iría bien si no fuera por los efectos directos sobre nuestra salud física y mental, sobre nuestra libertad para desarrollarnos, sobre la sagrada y preciosa naturaleza, sobre los valores tales como la justicia, la bondad, la honestidad y el respeto. En definitiva, sobre todo lo que vale la pena de ser experimentado una vez que venimos a esta existencia.

Sin embargo, no debemos tener miedo. Tenemos dos formas de defendernos, dos poderosos escudos que no ceden ante ninguno de los proyectiles que la sociedad lanza para contaminar nuestra esencia. Son los que dan nombre a este artículo: la soberanía y las relaciones de ayuda mutua. Si sientes que hay algo que no va bien con esta civilización, o si lo ves con tus propios ojos y lo consideras injusto, frustrante o desesperante, o si tu vida gira sin rumbo en torno a una angustiante rutina, quiero compartir contigo este análisis de la situación que, al mismo tiempo, supone una solución. Una solución compleja y ardua, que supone un largo camino de obstáculos, pero donde esperan también profundas satisfacciones: la felicidad por el mérito propio y el esfuerzo realizado por ti mismo, respirar la libertad de no depender de los demás para construir tu vida, y saberte a salvo de cadenas que mantienen en el fango a quienes no saben cómo romperlas.

La soberanía consiste en el desarrollo pleno de todo nuestro potencial. Muchos son los gurús que promueven que nosotros somos capaces de cambiarlo todo solo con el pensamiento, o que con solo modificar nuestras creencias, podemos controlar el rumbo de nuestra vida. ¡Incluso llegan a decir que con nuestro pensamiento somos responsables de los males del mundo y los propios!

Lo cierto es que para poder llegar a lo más alto, a lo más deseado, hacen falta una serie de medios y condiciones específicas en el entorno. Por ejemplo, hoy en día mucha gente está pendiente de defender sus derechos. Pues bien, un derecho significa que puedes hacer algo pero siempre a cambio de una serie de condiciones. Un derecho es un privilegio otorgado, no una libertad que nos es propia. Nuestro entorno nos permite hacer muchas cosas, pero casi siempre es a cambio de una serie de condiciones que convienen a la sociedad.

De ahí que la soberanía, o lo que es lo mismo, retomar nuestra verdadera capacidad de hacer cosas por nosotros mismos, sea un motivo de alarma para las instituciones. Nosotros somos los responsables de hacer un esfuerzo por ser soberanos. Adquirir conocimientos valiosos y útiles, ser autosuficientes (aprender sobre agricultura, carpintería, electricidad, programación web, o cualquier otro asunto que nos de autonomía vital [*Autonomía = αυτοσ / νομοσ => Ley propia*] ), tener un criterio propio en todo tipo de temas, no obedecer a los demás cuando nos quieren indicar qué camino prefieren para nosotros. Todo esto nos conduce a la soberanía, casi sin que nos demos cuenta.

Nuestra segundo método de defensa, esta vez colectivo, implica el fomentar las relaciones de ayuda mutua entre nosotros. Esta sociedad corporativa, fomenta por todos los medios posibles el aislamiento de los seres humanos en burbujas existenciales y en rutinas estancas, la desidia, y la apatía [*Apatía = α / παθοσ => Ausencia de pasiones*]. A esto se le considera la normalidad (es decir, una norma u orden que la sociedad nos presupone implícitamente).

Desde luego, la sociedad corporativa no desea que usted recupere su soberanía o que fomente relaciones de ayuda mutua con otros seres humanos. Por ello, hace que esté distraído el máximo tiempo posible. Usted quizá llega cansado de su trabajo [*Trabajo = Tripalium ‘máquina de tortura de 3 palos en la antigua Roma’*] y desea distraerse. El que esto sea hecho por muchos, sin embargo, favorece la opresión y el estrés que ésta conlleva, y el deseo de evadirse aún más de la realidad, en un círculo de retroalimentación que está llegando a niveles de perfección con la ayuda de los nuevos teléfonos móviles inteligentes (para seres estúpidos).

VIVIMOS RODEADOS DE EXCESOS

No sé si os habéis dado cuenta de que vivimos rodeados de excesos permanentemente a nuestro alrededor, muy distantes del modo de vida del que provenimos, y en el que nos desarrollaríamos naturalmente por nuestra propia cuenta si no fuera por la creación del entorno que ha erigido para nosotros la civilización moderna. Os voy a comentar algunos de los excesos que yo percibo y que siento que nos perjudican.

Una sobrecarga de información.

Una saturación de estímulos sensoriales.

Un exceso de ángulos rectos y de caminos trazados, y mucha gente siguiéndolos.

Un exceso de señales e indicaciones, de normas y prohibiciones, de advertencias y servicios para nuestra seguridad.

Un exceso de palabras vacías que no se concretan en acciones.

Un exceso de caras apagadas, de personas cabizbajas, de miradas desconfiadas y perdidas.

Un exceso de luces directas que nos ciegan al enfocarnos, en ausencia de la luz indirecta y reveladora de las estrellas.

Un exceso de seres humanos, y de muestras de su presencia.

Un exceso de tiempo perdido, desaprovechado en la inmovilidad de algún asiento.

Un exceso de incomunicación, y un exceso de frivolidad para compensarlo.

Un exceso de velocidad.

Un exceso de esperas y trámites.

Un exceso de presunta perfección tecnológica.

Un exceso de reclamos para pagar.

Un exceso de veneración a todo lo material.

Un exceso de comodidades.

Un exceso de barreras y límites para frenar nuestro desarrollo.

MÁS VUELTAS EN LA RUEDA DE LA SOCIEDAD MODERNA.

Hace tiempo que me he marcado el objetivo de vivir de forma autosuficiente, es algo que considero una misión vital, algo que realmente necesito hacer, y cada día estudio y consigo conocimientos de agricultura y de otros tipos para conseguirlo. Sin embargo estoy frustrado por tener que verlo como algo a largo plazo, y mientras tanto tener que estar todas las tardes de lunes a viernes estudiando un curso que me podría abrir la puerta a un trabajo que no me motiva en absoluto, pero donde la certeza de lograr ese tipo de trabajo no existe (más la casi seguridad de tener que ser autónomo y lo que eso implica en España, a saber, la esclavitud), o tener que estar trabajando en un puesto donde ni siquiera me pagan y las posibles ganancias son escasísimas.

Sé que al igual que yo son muchas las personas que están frustradas porque estas ciudades, esta sociedad moderna, son un medio antinatural, y en ellas se nos fuerza a un estilo de vida reducido, vinculado al hecho de consumir y a dedicar nuestro tiempo a trabajar para conseguir el dinero que nos permitirá seguir consumiendo esto o aquello. Cada uno estará frustrado por motivos diferentes, pero la causa viene a ser la misma: esta civilización moderna.

A mí en particular me frustra no poder demostrar, por falta de medios, todo aquello de lo que sé que soy capaz. Para ello necesitaría un dinero que sólo un trabajo me podría proporcionar (o si no es así, yo no veo otra forma de hacerlo). Un trabajo sería también una forma de demostrarlo, pero mi fracaso en conseguir uno ha sido permanente: han sido muchos envíos de currículum, y muchos intentos de ser contratado: aparentemente, para estos técnicos de recursos humanos yo no valgo, o simplemente no me necesitan o han visto a alguien mejor, me da igual. Yo quiero demostrar las cosas porque lo necesito yo, no porque lo necesite una empresa para aumentar sus beneficios. Que una empresa me contrata, enseguida lo aceptaré, porque necesito el dinero.

Lamentablemente, no estoy haciendo lo que deseo en la vida, sino algo que no deseo ni me motiva, pero que quizás (y la incertidumbre de nuevo es total, quizás ni siquiera me sirva realmente, quién sabe si al final me necesitarán o no) me proporcione el dinero que necesito para adquirir un terreno rural o conseguir un alquiler humilde en algún lugar.

No lo consigo, me encuentro estancado, infantilizado por la situación. Día tras día noto que pierdo el tiempo, sin ponerme manos a la obra en lo que me llenaría. Me veo dando una vuelta más en la rueda, atrapado. Hace ya muchísimo tiempo que estoy así, pero la cosa se multiplica conforme pasa más tiempo, conforme adquiero aún más conocimientos y por ello mismo sé que soy capaz de mucho más pero sigo en las mismas.

Os invito a que en los comentarios habléis de vuestra situación, que estoy seguro que es similar en muchas personas. Yo voy a intentar seguir luchando por construir la vida que quiero, y por llevar adelante las ideas que me parecen positivas. Nada hay más satisfactorio que luchar por lo que se cree justo, hacer justicia. Puede que empiece a hablar más de esto en el blog, hoy llegué a un punto en el que necesitaba expresarlo por aquí.

Mi potencial se manifestará y os invito a que no os dejéis intimidar por las trabas burocráticas, por las dificultades de conseguir dinero, por los trabajos que no os gusten. Estemos por encima de todas esas herramientas que se utilizan para condicionarnos y mantenernos productivos y acelerados.

Mi situación:

Mi jaula:

¿DE DÓNDE VENIMOS?

Uno de los grandes enigmas en la historia de los seres humanos es de dónde venimos. No cabe duda de que tenemos un parentesco con un chimpancé y con el resto de la vida biológica de este planeta. Pero la interpretación de nuestro linaje se recubre de una niebla de confusión cuando uno se para a estudiarlo en libros oficiales de antropología. Uno de los grandes misterios fue la desaparición de distintas especies de seres humanos y su suplantación por una sola especie, el Homo sapiens, con origen en África. Según cuentan esos libros, los neandertales, que eran habitantes de Europa y cuyas poblaciones llegaban hasta el Medio Oriente, desaparecieron o se hibridaron completamente. Los hombres de Denisova, que habitaban en Asia, también.

En este blog hemos hablado en varias ocasiones sobre los Neandertales y los Cromañones, y me gustaría recuperar un comentario de MAGI, que dijo lo siguiente:

Mira, te puedo decir que hoy estoy segura de que no se extinguieron . En cráneos del neolítico y de la Edad Media aparecen rasgos neandertales, si te fijas también aparecen estos rasgos en Europeos que viven en la actualidad, no tiene ningún sentido que adquiriesen estos rasgos después .

Esto me ha hecho pensar que hablaban de la misma manera que nosotros y que no tenían mayor vellosidad que los europeos actuales .

Lo que ocurrió fue la mezcla y asimilación.

Probablemente nosotros en particular nos parezcamos bastante más a los cromañones, pero es probable que hasta tengamos algo neandertal, en una forma muy mezclada.

La extinción neandertal es un mito falso.

Comentario 14 de esta entrada: HABLEMOS SOBRE LOS NEANDERTALES

Lo cierto amigos, es que no hay ninguna prueba de que ni los neandertales ni los denisovanos se hayan extinguido nunca, o bien mezclado hasta desaparecer. Pero esto va contra el dogma de que todos tenemos un origen común en África, que todos somos Homo sapiens, y que no hay diferencias entre nosotros en cuanto a nuestro origen antropológico. Nada más lejos de la realidad. Tal y como decía este comentario, los neandertales no se extinguieron jamás. Sí se hibridaron con otras especies como el Homo sapiens de África o los denisovanos. De esta última hibridación surgió el hombre de Cro-Magnon, del que os podéis informar en este interesante artículo escrito también por MAGI: ¿QUIÉNES ERAN LOS CROMAÑONES?

Pero esa hibridación tuvo sus límites: los europeos seguimos conservando gran parte de herencia neandertal, y los asiáticos gran parte de herencia de los denisovanos. Los africanos tienen herencia de Homo sapiens (en el norte de África tienen además algo de herencia neandertal, pero en minoría) y en América no me atrevo a hablar pues lo desconozco, así como Australia y sus aborígenes. Abajo podéis ver un cráneo europeo (a la izquierda) y el de un neandertal (a la derecha). Las diferencias existen pero no son muy grandes.

esqueleto

A la pregunta de por qué nosotros tenemos el cráneo más reducido en volumen, los huesos y la musculatura más débiles, menor dimorfismo sexual (menos diferencias corporales entre hombres y mujeres) que los neandertales, hay una explicación que me ha dejado prácticamente sin palabras y que he escuchado en un video de Varg Vikernes. Aprovecho para recomendaros el canal de Youtube donde publica sus videos: Thulean Perspective ( https://www.youtube.com/user/ThuleanPerspective ).

En biología evolutiva hay un concepto llamado neotenia que sucede cuando una especie evoluciona retomando características, tanto físicas como etológicas y de comportamiento, que son propias de las crías de su misma especie. Esto sucede con los perros, que son realmente como las crías de los lobos en estado adulto (orejas caídas, menor densidad ósea, comportamiento más dócil y dependiente…). Seguramente lo mismo ha ocurrido con todas las especies domesticadas: ovejas, cabras, camellos, cerdos… (estará en proceso de ocurrir con los hurones también).

Lo sorprendente es que esto ha ocurrido también con los seres humanos. Hemos sido domesticados mediante el desarrollo de la tecnología, la revolución neolítica y mucho más desde la revolución industrial. Al crear la agricultura y volvernos sedentarios, ya no necesitábamos hacer largas caminatas, ni recorrer tantos Kilómetros en busca de alimento o cobijo de las tormentas y las frías noches. Poco a poco fuimos inventando cosas que nos hacían la vida más cómoda y con menos esfuerzo. Nuestra musculatura y fuerte dentadura y olfato se fueron haciendo innecesarios.

Y la neotenia se produjo en nosotros al igual que en muchos animales domésticos. Por eso se redujeron las diferencias corporales entre hombres y mujeres, nuestra densidad ósea y nuestro volumen craneal (también por las hibridaciones con otras especies humanas).

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