LAS AMENAZAS DEL CLIMA

LAS AMENAZAS DEL CLIMA

El mundo está sometido a una gran presión, y también, aunque no lo sepan, cada una de los seres humanos. O al menos, ese es el regusto que se te queda después de ver un telediario, leer el periódico o oír un programa informativo de la radio. Ese panorama también lo confirman los políticos, pues todos parecen coincidir en esto junto a la comunidad científica. La especie humana es muy poderosa, pero no puede evadirse de sus grandes intereses egocéntricos ni sobrepasar los límites que impone la naturaleza, opuesta por norma al progreso de la humanidad, al avance de la tecnología y al crecimiento exponencial de la población. Según algunos autores, el ser humano es una especie plaga, de modo que su tasa de crecimiento va acompañada de la destrucción y el agotamiento de los recursos naturales (de hecho, la tecnología solo permite llegar más lejos antes del desastre, de la caída al abismo).

Lo que ocurre es que la humanidad no puede evitar algunos daños colaterales en su camino a la prosperidad y el bienestar de todos. Siempre surgirán potencias enemigas, hoy llamadas terroristas, por lo que la existencia de conflictos bélicos es positiva a largo plazo (las guerras son un mal menor). Es imposible evitar las crisis económicas, por lo que cabe aceptar que haya períodos en los que aumente la miseria, se limiten los servicios públicos y hasta los derechos de un pueblo. El peso de la responsabilidad cae directamente sobre aquellos que más tienen, o que conservan un buen nivel de vida, sin lujos, sobre todo si la crisis es muy fuerte. Otra de las fuerzas incontrolables que está despertando el ser humano, y que parece cernirse sobre el planeta como un cúmulo de desgracias, es el recalentamiento excesivo de la atmósfera, de hasta seis grados Celsius, y que se debe al consumo de combustibles fósiles, emisiones industriales y diversos contaminantes generados en su mayor parte por la actividad humana. Hago una pequeña lista de las consecuencias que puede ocasionar ese calentamiento:

  • Enormes incendios en el hemisferio Sur.
  • La peor hambruna y sequía conocidas en África
  • Cambios en la localización de los bosques y pérdida de área (en millones de hectáreas) en Estados Unidos y Canadá.
  • Aumento en intensidad y frecuencia de eventos climáticos extremos como los huracanes, tifones y monzones.
  • Inundaciones debido a cambios en los patrones de lluvias.
  • Subida del nivel del mar de entre 18 y 59 cms. A finales del siglo XXI. Esto incluye ciudades costeras como Alejandría, Shangai, Bangkok y Holanda.
  • Pérdida dramática de especies biológicas en medio terrestre y de agua.
  • El Amazonas ardería y se convertiría en una sabana árida si el aumento de temperatura es suficiente.
  • Caída en la producción de alimentos y en la agricultura dependiente de las lluvias, debido a la escasez de agua dulce (hasta un 50% en el 2020).
  • Aumento de las plagas y de enfermedades causadas por parásitos.
  • Caída de la producción pesquera y ganadera.
  • Aumento de especies invasoras.
  • Mayor contaminación del aire por mayor presencia de partículas y ozono troposférico (que causa muertes por enfermedades pulmonares).
  • Los suelos serían menos fértiles y habría más deslizamientos de tierras.

Estos son los peligros principales, y uno no tiene que pensar mucho para darse cuenta de que, según la teoría de que todo esto puede ser consecuencia de un calentamiento de la atmósfera y que a éste lo causa toda la humanidad al consumir el petróleo, el gas natural y determinados productos en cuya fabricación se liberan compuestos químicos que aumentan ese calentamiento, todos compartimos la culpa, y nada mejor para abrir la mente que sentirse culpable. Cada vez que ocurra alguna de las cosas de la lista anterior, habrá que sentirse culpable. Todos los medios así parecen indicarlo, los científicos más célebres piden a la humanidad que ahorre en consumo, que disminuya su tasa de emisiones de CO2. Algo contradictorio, ya que justo a continuación puedes empaparte de publicidad encendiendo el televisor o abriendo alguna revista, ofreciéndote cambiar de coche, un nuevo ordenador, etc. Aunque también se ofrece en el mercado elementos considerados más ecológicos, como bombillas de bajo consumo, o un filtro para la ducha, que pueden quitarte un poco de culpabilidad.

Todo parece una añagaza para hacer caer el peso de la culpa sobre cada persona individualmente, por el mero hecho de consumir. Me niego a creer que toda la humanidad comparta la responsabilidad de todo lo que aparece en la lista de arriba, en forma proporcional a su consumo de petróleo aproximadamente. Sería absurdo creer que sólo hay un único factor, como si fuera la decisión implacable de un dios, que sea la causante de todo eso. Esto me parece una buena jugada en el sentido emocional de repartir la patata caliente entre las manos de todos los habitantes de este planeta, incluso aquél o aquélla que ni siquiera tiene acceso al agua potable diaria puede ser considerada culpable por haber nacido. La “lujuria”, el crecimiento de la población es junto a las emisiones de CO2, la otra gran fuente de desgracias. En otra fuerza imparable e inevitable, el instinto de reproducirse, puede estar la culpa de que el mundo se suma en una serie de catástrofes. Hay algo que no cuadra y es el inmovilismo, la incapacidad del ser humano para afrontar esas complicaciones, considerando que las predicciones del IPCC sean ciertas. Aún siendo ciertas, muchos de esos efectos los causa el ser humano, no el clima global.

En su día me entusiasmó el documental de Al Gore, una verdad incómoda. La publicidad fue muy buena, dio a mucha gente un fuerte impacto de veracidad, de impecabilidad, y de culpabilidad. Si bien es cierto que los problemas que aparecen en la lista no son imposibles y de hecho algunos ya se están desarrollando (pérdida de especies, desaparición del Amazonas, caída de la producción pesquera etc…) el argumento del calentamiento global no deja de ser una excusa peregrina

Lo cierto es que ha habido otros calentamientos y enfriamientos anteriores a la revolución industrial, uno de esos calentamientos ocurrió en la Edad Media, especialmente notorio en el siglo X. Y aunque no es sobre ello que quería tratar este texto, la teoría de que el CO2 y otros gases como el CH4 (el metano) medidos en ppm. (partes por millón) pueden aumentar la devolución de radiación infrarroja emitida por la superficie de la Tierra de vuelta a la misma, en proporciones que modifiquen la temperatura del planeta, está muy discutida. La cantidad de CO2 en la atmósfera es escasa, concretamente 387 ppm según mediciones del Observatorio de Mauna Loa en Hawaii. Esto equivale a un 0’038% del total de la atmósfera si es que se puede comparar el conjunto de gases que contiene (por ejemplo de oxígeno tiene un 21%, de N2 un 78% etc…) y si el CO2 se distribuye exactamente igual en toda la troposfera y no varía con el tiempo.

Sobre eso último, es interesante saber que el CO2 está siendo intercambiado continuamente entre la atmósfera y el océano, es liberado por seres vivos que respiran y captado por los fotosintéticos (ya sean cianobacterias, algas, vegetales u otros) y que la liberación o captación de CO2 del océano (precisamente el mayor reservorio de CO2, contiene 50 veces más que la atmósfera, aunque en forma de ión bicarbonato especialmente) depende de la temperatura. Un aumento de temperatura liberaría más CO2 por parte del océano y en tal caso, ¿no sería posible que la temperatura al subir globalmente libera más CO2, y no al revés? ¿Es el CO2 un gas realmente preocupante? Evidentemente, el ser humano emite más CO2 a la atmósfera eso es indudable. Lo que yo me planteo es si eso tiene algún efecto en el clima.

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Hay una teoría alternativa, que podría tener sentido. El Sol atraviesa por ciclos variables de actividad en su superficie. A veces se producen cambios muy grandes en el campo magnético que originan las manchas solares, que se ven como pequeños puntos en el Sol, pero que tienen el tamaño de cualquiera de los ocho planetas o cuerpos celestes del sistema solar, exceptuando al propio Sol. Esas alteraciones del campo magnético hacen que bulla mucha más energía calorífica hacia ese punto. Pues se sabe que estos cambios son cíclicos, a veces el Sol libera más energía y otras menos. La solución está en conocer cómo de grandes son las variaciones de irradiación solar total durante esos cambios de actividad del Sol, y cuál es la sensibilidad del clima a esos cambios. Se puede imaginar que es grande, ya que el clima es consecuencia directa de la energía solar.

El IPCC estima que la influencia existe pero es muy pequeña.En este documento (página 107).

http://www.ipcc.ch/pdf/assessment-report/ar4/wg1/ar4-wg1-chapter1.pdf

Sin embargo, si eso es cierto debemos suponer que su influencia fue igual de pequeña en el pasado (por ejemplo la época cálida medieval del siglo X y la pequeña edad del hielo que la siguió en el siglo XIV o las glaciaciones del Pleistoceno). Y tendríamos que considerar que la influencia de los gases de efecto invernadero fue igual de importante en el pasado reciente incluyendo el Pleistoceno. En tal caso, ¿cómo se puede afirmar que es sólamente el factor humano, si la naturaleza por si misma produce grandes variaciones climáticas? Y también habría que preguntarse a qué se debieron las supuestas variaciones del CO2 en el pasado. ¿Quizás el Sol influye en el aumento de la concentración de CO2 por su liberación desde el Océano, causando más incendios o incrementando la tasa metabólica de los seres vivos? Si la teoría del CO2 y otros gases es cierta, que no se aplique sólamente al período actual sino también al pasado. Y es que al hacerlo, la teoría parece estar coja, no se mantiene en sus conclusiones (me explico: en el pasado no se liberaron los combustibles fósiles ni había tanta polución del aire, si le damos crédito al IPCC otros motivos tendrían que haber causado variaciones de gases de efecto invernadero, ¿erupciones volcánicas, incendios? En tal caso, no puede afirmar el IPCC que esos factores no son influyentes, ¡y eso es exactamente lo que afirma! ).

Lo que quería tratar aquí de todas formas es de quién puede ser realmente la responsabilidad todo lo arriba mencionado. La lista está basada en estimaciones del IPCC, el cual forma parte de la ONU y que no realiza sus propias investigaciones, sino que selecciona a dedo la información en la que basa sus conclusiones, entre la literatura científica o entre científicos de contribución voluntaria según explica Wikipedia. Eso me llama mucho la atención sobre este organismo. La lista tiene cosas para las que, me parece, el ser humano se las basta y sobra. Por ejemplo, la destrucción de los hogares de millones de especies de animales, plantas y hongos. En el caso del Amazonas, basta con informarse un poco de que es la tala lo que ha destruido ya un gran porcentaje de terreno de selva. Recomiendo este enlace:

http://www.rel-uita.org/old/ambiente/La%20Destruccion%20Amazonia.htm
cambodia-logging-2.jpg

Llevémonos la madera antes de que el fuego destruya el Amazonas, aunque sea ilegalmente. Hasta un indígena lo entendería…

El hambre es la otra consecuencia que me impacta ver ahí. Casi todo el mundo piensa que eliminar el hambre es una utopía, personalmente, yo lo que no entiendo es cómo puede haber alguien hambriento. La inmensa mayoría de la población no vive en desiertos, e incluso en algunos desiertos muy áridos la gente encuentra alimento. Aunque la verdad es de sobra conocida: el saqueo de los recursos y el predominio de determinados intereses antes que su uso por las diversas poblaciones locales, es lo que causa el hambre en el planeta. No el cambio climático, que ninguna culpa tiene me parece. Si lo que se busca es aumentar la producción de alimentos, lo que conviene es luchar contra la sobreexplotación de ecosistemas, los monocultivos, la dependencia del petróleo para producir, tan brutal, en el mundo de hoy, o la destrucción de los suelos. Se puede producir mucho más de lo que la gente necesita para consumir, de hecho la industria, las grandes ciudades, hacen enormes derroches de comida, con grandes desperdicios y desechos. En cuanto al agua dulce, son las técnicas agrícolas modernas ineficientes (no las tradicionales, que son las más eficientes en general, pensemos en las terrazas incas por ejemplo) las que hacen el mayor derroche de agua. Otro motivo de que haya carencia de agua no es la falta de lluvias, sino su envenenamiento por residuos industriales o urbanos.

El aumento de las plagas se puede combatir diversificando los cultivos, aprovechando las condiciones locales de cada terreno (por tanto, una producción más local) y con lucha biológica y no química contra las plagas. Porque contra la lucha biológica las plagas no puedes adquirir resistencia genética, tendrían que evolucionar pero ese es un proceso mucho más lento que la selección del uso de pesticidas, que es casi en un parpadeo.

Personalmente, no me parece bien utilizar los transgénicos para combatir las plagas si hay otros métodos.

Incendios, ¿solo en el hemisferio Sur? Eso sí que es raro. Occidente tampoco puede hacer mucho contra los incendios, o por predecir cuál será la próxima zona en arder.

En resumen, habría que preguntarse si la industria tiene auténtica necesidad de destruir el medio ambiente para poder mantenerse y si es bueno un sistema económico en el que la obligación de ser solvente y competitivo en el mercado mundial se impone a las necesidades de la población humana. Decir que el ser humano es egoísta por reclamar una mejora en sus condiciones de vida no es solo autoritario, sino que es lo contrario de lo que muchos consideran un progreso. Se ha impuesto un modelo muy agresivo en la economía del mundo, las reglas de la economía se hacen inevitables como si fueran parte de la misma realidad, es decir, como si fueran verdadera ciencia. Un modelo que destruye alternativas y posibilidades (al contrario que la ciencia, que las abre cuando son necesarias) y que no admite cambios cuando las cosas no van bien, es algo que quizás debería ser eliminado y no solo modificado.