Juzgar o no juzgar, esa es la cuestión

Se dice mucho que hay que sentir sin juzgar, eso suena muy bonito pero es imposible, ya que no podemos desprendernos del cerebro, los pensamientos son inherentes al ser humano. Lo que sí podemos hacer es comprender que los pensamientos juiciosos siempre son una representación emocional, aprender a reconocer de que tipo de emociones proceden, y a su vez detectar en qué experiencias vividas se generaron esas emociones, para hallar que relación simbólica hay entre experiencia-emoción-juicio, y así permitir al prejuicio fluir sin identificarnos con él. También hay otro tipo de prejuicios que son los que genera la pura ignorancia, la carencia de información y por ende una falta de comprensión muy dañina respecto a lo que se juzga. Lo que diferencia a una persona sabia de una persona necia, es que la primera es conocedora del origen emocional y la ignorancia que preceden a los prejuicios que transitan por su cabeza sin identificarse con ellos, y la segunda no es conocedora de sus propias emociones ni de su propia ignorancia, y escupe con total inconsciencia todos los prejuicios que pasan por su cabeza identificándose con ellos.

Autora: Amaya Rivas Aboitiz

Un comentario sobre “Juzgar o no juzgar, esa es la cuestión

  1. Hasta el más espiritual juzga cuando surge una situación de tensión o de estrés y hasta suelta insultos. Luego en frío reconoce lo que hizo y sabe personarse a si mismo

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